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ESTRENOS

Jellyfish, destino manifiesto

Crítico de cine/El Nuevo Herald


Michael y Keren (Gera Sandler y Noa Knoller) recién casados en <i>Jellyfish</i>.
Cortesía de Zeitgeist Films
Michael y Keren (Gera Sandler y Noa Knoller) recién casados en Jellyfish.

Shira Geffen escribió el guión y su compañero Etgar Keret dirigió Jellyfish, un filme transparente y misterioso. Ganó el Premio Camera D'Or para cineastas debutantes en el Festival de Cannes 2007 y desde entonces muchos se preguntan cuál es su encanto impalpable. No puede agarrarse en un puño, porque se deshace.

En Tel Aviv suceden tres historias simultáneas, sin visible hilo conectivo. En la central, a Batya (Sarah Adler) la dejó su novio, su célebre madre no le hace caso y la acaban de despedir de su empleo en un salón especializado en fiestas nupciales. A Batya se le apareció una niña de cinco años que emergió de las olas en la playa. La lleva a la policía, pero nadie quiere hacerse cargo de la silenciosa desconocida y Batya sigue arrastrándola, porque la sirenita varada no se le despega.

Estirando un poco, esta anécdota daba para un filme extravagante, pero Jellyfish no se achanta y explora distinto episodio. En el local de bodas donde trabajaba Batya, la recién casada Keren (Noa Knoller) bailotea con tal ímpetu que se fractura el tobillo. Debe cancelar su luna de miel en el Caribe y va a carenar en enorme hotel donde se le queja a Michael (Gera Sandler), su flamante marido, de malos olores o fragor del tráfico. Tras cambiar dos veces de cuarto, Michael contacta a una novelista que le ofrece su suite. Agradecidos por el gesto, van a saludarla a la habitación que dejaron y descubren que se suicidó.

En el tercer segmento del panel, la filipina Joy se emplea cuidando ancianos para enviarle dinero y juguetes a su hijito lejano. Establece firme relación con la vieja Malka, que se siente abandonada por su hija. Es la más tierna de las historias, pero no se deja caer en sentimentalismo. El estilo del multifilme, que va de un relato al otro, es observador y distanciado. Los cineastas Geffen y Keret afirman enigmáticamente que el verdadero protagonista es el océano.

Cada conflicto es diferente por fuera e igual por dentro. Los personajes no encuentran lo que quieren, pero entre la inconformidad y la resignación, optan por el zapato que menos aprieta. Todos actúan llevados por la mano de un destino manifiesto. Y a su manera, incluso la escritora suicida, consiguen lo que se proponían, aunque en forma indirecta y de soslayo.• 


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