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Cine  

ESTRENOS

'Journey to the Center of the Earth', en el centro de la 3D

Crítico de cine/El Nuevo Herald


Trevor (Brendan Fraser), Sean (Josh Hutchrson), y Hannah (Anita Briem), trío aventurero en 'Journey to the Center of the Earth'.
NewLine Cinema
Trevor (Brendan Fraser), Sean (Josh Hutchrson), y Hannah (Anita Briem), trío aventurero en 'Journey to the Center of the Earth'.

Para el cine, las novelas de Julio Verne son de alcancía irrompible y una de las mejores, Journey to the Center of the Earth, ya se filmó en 1959 con James Mason al mando de una expedición arqueológica, que descendía al fondo de un volcán en Islandia para encontrar un mundo prehistórico. Duraba 132 minutos y se vendía como superproducción en CinemaScope, elegante aunque un poquito presuntuosa.

Las presunciones se van al diablo en la nueva versión, que dura 92 minutos y sólo aspira a cojear con la supuestamente taquillera muleta de la Tercera Dimensión. Aparte de argumento y personajes, el interés principal está en mostrar sorpresitas de huye-que-te-coje con trucos de cámara enfocados por los inevitables espejuelitos.

Originalmente contrataron al cineasta experimental Paul Chart para escribir y dirigir una fiel adaptación del libro de Verne, su autor favorito. Cuando decidieron filmar en 3-D, Chart presintió que todo acabaría en sube-y-baja de montaña rusa a lo Disneylandia. Abandonó el proyecto y fue sustituido con Eric Brevig, veterano especialista en efectos digitales. El resultado justifica por qué Chart se dio a la fuga.

El Journey actual se limita a lo de siempre en 3-D, tradicional desde las pioneras Audioscopias de la Metro en la década de los años 30. La cuestión es tirar todo lo que venga a mano a la cabeza del espectador. Aquí hay un yoyo, pajarracos y escupitajos para encogerse en la luneta ante las agresivas ilusiones ópticas. Están bien logradas en el nuevo proceso Real-D, que también da la sensación de profundidad en las escenas entre casi tres únicos actores, aunque verlos en distintos planos no añade intensidad dramática a sus irrelevantes relaciones.

Brendan Fraser, Josh Hutcherson y Anita Briem participan en el artificial pugilato creado en laboratorio. Comparten el cuadrilátero con plantas voraces, rocas magnéticas y mini-monstruos de utilería. Esto apenas cumple como entretenimiento de matiné para devotos del susto manufacturado. Pero si algún día resucitan la jornada surrealista de James Mason, podrá comprobarse que hace 50 años el cine era menos técnico, pero más divertido.• 


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