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Richard Gere, magnanimidad genuina

El Nuevo Herald

Algo que Richard Gere y Tom Cruise tienen en común es que durante el comienzo de sus carreras los dos se prestaron para una escena erótica en American Gigolo (1980) y All the Right Moves (1983), respectivamente, que contienen un breve desnudo frontal. No obstante, esa falta de inhibición --algo rarísimo entre los actores masculinos importantes-- requiere un nivel de concentración en el personaje que, en el caso de Gere y Cruise, trasciende lo gratuito.

American Gigolo lanzó a Gere al superestrellato, incluido el vestuario y el andar de su personaje, que impactaron el look masculino en los círculos chic de la época. All the Right Moves no convirtió a Cruise en un superstar instantáneo, pero sí fue otro paso en su ascenso al elevado pedestal en Hollywood que todavía ocupa. Curiosamente, las mejores películas de Cruise fueron las que realizó en la primera etapa de su carrera. Las mejores de Gere, las que ha hecho en su segunda fase, como Chicago (2002) --en la que ''demostró'' que sabía bailar y cantar-- y en el drama Unfaithful (2002), en el que interpreta al esposo de una mujer infiel (Diane Lane), logrando una de sus más pulidas actuaciones en una película que sin ese control dramático se hubiera hundido como una telenovela barata.

Hace un par de años trabajó en una mayormente menospreciada cinta musical, Shall We Dance (2004), en la que Jennifer López interpretó a su maestra de danza. La historia fue demasiado superficial para que los críticos más intelectuales la tomaran en serio, pero para los espectadores que simplemente están buscando un par de horas de diversión sexy y refrescante, es todo un placer. Incluso, López está bastante bien en su papel.

Muchos de los papeles en los filmes de Gere también han sido mediocres, con la excepción del drama sobre la Segunda Guerra Mundial Yanks (1979); el drama sobre marineros enamorados An Officer and a Gentleman (1982); la comedia que lanzó a su coestrella Julia Roberts al estrellato, Pretty Woman (1990) y el thriller psicológico Primal Fear, en el que da vida al abogado defensor de un criminal manipulador, por nombrar un puñado de sus más convincentes actuaciones en producciones memorables. Su colaboración con Akira Kurosawa en Rhapsody in August (1991) es, lamentablemente, insignificante porque figura entre las menos destacadas obras del actor y del gran director japonés, aunque posee sus admirables elementos

estéticos.

Su más reciente filme es The Hoax, que llega a los cines hoy. Su debut cinematográfico en un papel principal fue en la obra maestra de Terence Malick, Days of Heaven (1978) --fotografiada por el gran Néstor Almendros-- después de actuar en un papel pequeño en Looking For Mr. Goodbar (1977), protagonizada por Diane Keaton.

Gere nació en Philadelphia, Pennsylvania, el 31 de agosto de 1949, estudió Filosofía en la Universidad de Massachusetts en la ciudad de Amherst, aunque abandonó sus estudios para dedicarse a la profesión que lo convertiría en uno de los hombres más famosos del mundo. Muchos quizás no saben que, antes de en el cine, se estableció como un actor de teatro en musicales como Grease, en Londres, y Soon, en las tablas de Broadway. Actor que desafía ser encasillado, Gere interpretó al papel de un prisionero de guerra judío y homosexual en la obra teatral Bent, por la que ganó el Theatre World Award. Su primer premio por una actuación en la gran pantalla se lo otorgó el Hollywood Foreign Press en forma de un Globo de Oro al Mejor Actor en una Comedia o Musical por su vibrante interpretación del abogado Billy Flynn en Chicago.

Artes dramáticas aparte, el actor ha creado la Gere Foundation, a beneficio de diversos proyectos relacionados con la salud y los derechos humanos. Gere también ha prestado su voz e imagen para crear conciencia sobre la situación en Tibet. El actor se considera, más que un amigo del Dalai Lama, un estudiante que por más de dos décadas ha viajado por las tierras donde se practica el budismo.

Una fusión del Occidente con el Oriente, Gere ha creado una elegancia masculina que lo mantiene muy sólidamente entre los astros hollywoodenses más destacados y un hombre sofisticado que no ha pasado por alto el privilegio de ser humanitario.• 

ccotayo@herald.com

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