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La Philarmonia of London, verdaderamente `titánica'

El Nuevo Herald

Al borde de sus 80 años, el director Christoph von Dohnanyi demostró el jueves día primero al frente de la orquesta Philharmonia of London, en el Knight Concert Hall del Arsht Center que conserva una energía y un poder innovador que muchos jóvenes envidiarían. Su visión de la Sinfonía no. 4, en la mayor, op 90, `Italiana', de Mendelssohn estaba llena de frescura.

Dohnanyi es de esos directores que presta atención a los detalles, pero nunca pierde de vista el efecto del conjunto. El trabajo de las cuerdas fue intenso sin perder el lirismo, y los exabruptos de los metales y la percusión fueron entregados con todo su brillo, pero sin desbalancear la atmósfera festiva de la obra que en sus postrimerías --Saltarello: Presto-- por sus aires danzarios y su ritmo rápido recuerda vagamente una fiesta italiana.

Pero si bien director y músicos se lucieron en la primera oferta de la noche, la segunda parte fue aun más espectacular. La Sinfonía no. 1 en re mayor, de Mahler tiene el sobrenombre de Titán, porque originalmente era un poema tonal sobra la famosa novela de Jean Paul Richter, publicada en 1800, en la que un joven quiere trascender las trivialidades de la vida y encontrar una mayor relación con la naturaleza y un sentido para los sufrimientos y miserias humanas.

Esta sinfonía de Mahler recoge elementos melódicos de distinto tipo y los va enhebrando en un hermoso tejido que va creciendo, quizá de manera ''titánica''. Empieza un poco como el Bolero, de Ravel, pero en lugar del redoblante es un bombo el que va pautando el ritmo cada vez más alto. Se incorporan distintas melodías, en el contrabajo, el fagot, trompetas en off... Casi es posible ver --con los sonidos-- los recuerdos de la infancia: la nodriza con sus nanas, la orquesta de pueblo, el gitano con su oso... Atravesamos el túnel del tiempo, el de la personalidad. Si nos dejamos llevar, somos Mahler. Dohnanyi es un maestro de los detalles. En esta obra cada instrumento tiene su momento protagónico, su lujo, su esplendor. Cada elemento sonoro es como un color que se va integrando a un vasto fresco en el que el compositor quiere entregarnos sus recuerdos, la traducción de su vida a su estética. En Mahler se conjugan los elementos folclóricos y sinfónicos con una autenticidad sin tacha, y pasado y presente se unen en una visión monumental, ``titánica''.

Titanismo se llamó al movimiento que inspirara la mencionada novela; pero en nuestros tiempos, novela y movimiento sólo se recuerdan en relación con esta bella sinfonía. Sin embargo para el director y los músicos de la London sí parece que estaba muy claro lo que se traían entre manos. Su trabajo fue profundo en la entrega y extremadamente pulcro en los detalles. El final estruendoso --ocho trompas de pie, al igual que las 6 trompetas y con dos juegos de tímpanis a todo lo que daban-- fue como la culminación de una ceremonia, como el triunfo de la belleza sobre el dolor y los recuerdos, la apoteosis de la música sobre el dolor. Conscientes de ello la orquesta y su director, como un solo hombre, elevaron a Mahler una vez más sobre el tiempo, el olvido. El público se unió al estremecedor homenaje con una larga ovación de pie.• 

dfernandez@herald.com


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