Punto de vista
'El conde de Luxemburgo', una fiesta para todos
DANIEL FERNANDEZ
El Nuevo Herald
Una vez más la sociedad Pro Arte Grateli, que dirigen Marta Pérez, Pili de la Rosa, Ana Margo y María Pérez Rudisill, ha logrado revivir para los miamenses el discreto arte de la opereta con su nueva puesta de El conde de Luxemburgo, de Franz Lehar. Aunque no tan hermosa y conocida como La viuda alegre, la cumbre de este autor, El conde ha sabido mantener un puesto digno dentro del repertorio operetístico y esta puesta, a cargo de Juan Pedro Somoza, ha demostrado que tiene bellezas y gracias que bien merecen llevarla a escena de vez en cuando.
En esta ocasión, el rol titular recayó en el prestigioso tenor español Eduardo Aladrén quien posee una voz formidable y una sólida experiencia escénica que le dieron a su personaje la credibilidad y la excelencia vocal apropiadas. Como su contrapartida en la trama, la soprano Laura Montes encarnó a Angela con gracia y distinción, y sobre todo, con su bella voz --a la par con su belleza física-- dando al personaje una silueta sólida y agradable, aunque quedaba espacio para un poco más de chispa y coquetería.
Como segunda pareja --elemento con mayor humor que suele aparecer en las operetas-- actuaron los conocidos cantantes Tania Laracuente y Jesús Brañas. Laracuente fue una Julieta caprichosa y divertida, aunque no siempre fueron satisfactorias las modulaciones de su poderosa voz. Brañas ha crecido mucho en sus dotes actorales y ha ganado también en el aspecto vocal, y aunque su voz no es muy poderosa, cuenta con musicalidad y acople. La labor de estos cantantes logró muchos momentos de hilaridad en esta puesta.
Sin embargo, la gran diversión de la noche fue sin duda Mario Martín que hizo un ''príncipe de opereta'' clásico. Su Basilio es de antología y despertó las constantes risas del público. Mención especial para los que retrabajaron el libreto en español con un toque más moderno. En esa cuerda hay que elogiar también la labor de Chely Lindner, que aunque apenas canta en esta puesta, supo sacarle el máximo a su papelito de la Marquesa Natasha.
El trío de Alan Gazel, Miguel Cervantes y Enrique Estrada como Popoff, Trepoff y Moloff estuvo muy bien armado, tanto en sus actuaciones en conjunto como por separado. Muy bien en el aspecto cómico, casi lo mejor del primer acto.
La dirección musical y coral corrió a cargo de la multifacética Rudisill, mientras que la dirección dramática fue obra de Somoza. Mención aparte para los efectivos decorados de Demetrio, que aunque modestos, cumplieron dignamente con su cometido. Impecables las luces de Gonzalo Rodríguez y muy meritoria la labor de la Coral Grateli. No hubo fallas técnicas que lamentar y la función comenzó puntualmente.
En cuanto a la coreografía de Peter la Fox no me atrevo a juzgarla, porque era evidente que los bailarines eran muy jóvenes y en su mayoría estudiantes. Siguen siendo los bailes el aspecto más débil de estas producciones, aunque indudablemente el elemento principal de una opereta es la música y en ese sentido esta puesta fue muy satisfactoria y logró como una atmósfera de fiesta para todos. El público salió del teatro muy contento y hasta en el parqueo se escuchaban comentarios elogiosos. La pregunta del momento era --y es: ¿Cuándo ponen la
próxima?
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