ALTA TENSION
Cohiba Brasserie
ARTURO ARIAS-POLO
El Nuevo Herald
Con carismaticos cantantes y un 'look' que recuerda al Havana Room del Hotel Nacional de Cuba, el local se hace ideal tanto para tomar una copa, irse de rumba o degustar platos exquisitos.
toque de excelencia
La trova y el son se dan la mano en Cohiba, un sitio ubicado en el corazón de Coral Gables y cuyo nombre no pudo ser mejor escogido.
Según Roberto Ferrer, dueño y chef del club, 'Es una palabra aborigen cubana que significa `excelencia' ''. Después de dejar huella en el Dadeland Marriott, El Cid y otros restaurante locales, este santiaguero de 38 años trabajó en Los Angeles y Santo Domingo, y regresó para abrir su negocio en Dade y otro idéntico en Pembroke Pine.
El de Ponce León cuenta con dos salones con capacidad para 100 personas, donde llama la atención el comodísimo mobiliario --inspirado en el look del Havana Room del Hotel Nacional de Cuba-- y la colección de óleos de Damién Cruz, Arcadio Cancio y otros artistas cubanos. Los horcones del techo, las repisas destinadas a los vinos y el diseño lumínico enriquecen la atmósfera de este sitio ideal para tomarse una copa, irse de rumba y degustar platos exquisitos.
Los miércoles la cosa se pone buena cuando llega el cantautor Raúl del Sol. Ese día se reacomodan las mesas porque los amantes del pop abarrotan el salón desde temprano. Como conocen de memoria Todavía me enamoro, Nadie sabe y Sé quién eres --los temas de Caminar soñando, su primer CD--, en cuanto el trovador entona las primeros versos comienzan a corearlos. ¿Se adueñará de esta plaza, tal como lo hizo Amaury Gutiérrez con Hoy como ayer? Tal parece que Del Sol va por el mismo camino, porque en las tres semanas que lleva en el Cohiba no le ha faltado público.
Algo parecido ocurre los viernes y sábados, cuando llega el conjunto del otro Raúl --Morera-- y pone a bailar los comensales con la ayuda de Fernando Pérez, su flautista, y la percusionista boricua Sugeilis. Quien escucha desde las mesas de afuera la tanda de guarachas, boleros y sucu-sucus, piensa que se trata de una orquesta de 20 músicos, pero cuando entra a divertirse, se dará cuenta de que en realidad sólo son tres.
''Por acá muy pocos saben que el sucu-sucu es una variante del son cubano. Pero cada vez que toco Devuélvemelo, please, la gente se alborota y nadie se queda quieto en su lugar'', comenta el músico llegado hace cinco años a Miami, con créditos en la orquesta del Tropicana, la banda de Xiomara Laugart y otras agrupaciones de la isla.
''Aquí se puede conocer a mucha gente'', afirma Brenda, joven trabajadora de mercadeo que arrastró a sus amigos al fiestón sabatino. ''Lo mejor de todo son los mojitos, los apple martinis y las tapas''. Se refiere a las croquetas de bacalao y las bolitas de yuca que vienen custodiadas por mariquitas y tajadas de salmón.
Como el dueño se la pasa experimentando, fusiona la cocina cubana con lo mejor del menú internacional. Por eso no sorprende que combine el tradicional rabo encendío con pasta italiana, y el mango bizcochuelo se convierta en ''espuma'' para rellenar un pie.
''Cuando Roberto anduvo por Los Angeles introdujo la comida chino-cubana en el restaurante Xiomara'', dice Mónica Gómez, relacionista pública del Cohiba. ``Después, abrió cinco lugares en República Dominicana y allá puso de moda el suchi con plátanos maduros''.
Mientras los músicos descansan se proyecta un video de Polo Montañez en una pantalla gigante. Es el momento en que llueven los pedidos sobre el barman Joel --el hermano del dueño-- como si se tratara de la hora del happy hour. Pero la pausa sólo dura un instante. Los bailadores piden música en vivo y los muchachos de Morera los complacen hasta la madrugada.
aarias-polo@herald.com