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Teatro  

Punto de vista

El llanto: una corrida de emociones

Especial/El Nuevo Herald

''Un muerto en España está más vivo como muerto que en ningún sitio'', aseguró Federico García Lorca en su conferencia Teoría y juego del duende, pronunciada por vez primera en 1933. Apenas un año más tarde, tuvo la oportunidad de demostrarlo cuando su gran amigo el torero Ignacio Sánchez Mejía falleció como consecuencia de la cornada que le dio en una corrida realizada en Pontevedra un toro llamado Granadino. Impactado por la noticia de la muerte de alguien a quien admiraba profundamente, Lorca escribió uno de sus textos más dramáticos, apasionados y viscerales: Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Una elegía perfecta, estructurada en cuatro partes (La cogida y la muerte, La sangre derramada, Cuerpo presente y Alma ausente), con la que le garantizó al diestro un lugar en la inmortalidad.

El director español Jaume Villanueva decidió convocar los fantasmas de Lorca, Sánchez Mejía y Granadino en El llanto, una sugestiva ceremonia poética que los organizadores del XIII Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami tuvieron el acierto de escoger para iniciar su programación. Apoyándose en la elegía lorquiana, la compañía catalana Octubre Teatral prescinde de la acción dramática tradicional y propone a los espectadores una suma de imágenes, sensaciones y emociones que remiten a dos expresiones clave de la cultura española: el flamenco y el arte taurino.

Mediante una afortunada integración de cante, música y danza, El llanto evoca la pasión de Sánchez Mejías por el peligro y la muerte. Pero también celebra la amistad y el amor masculinos, tema que explora con delicadeza, sesgadamente, aludiendo a la más que probable atracción que, según la leyenda, experimentó el poeta por el torero. Una atracción más que justificada, pues Sánchez Mejías, según una contemporánea suya, ''no buscaba seducir, pero era la seducción misma''; y aunque nunca faltaba una mujer hermosa al lado del diestro, éste no se mostraba indiferente a los encantos de ''los jovencitos de buen ver'' (así lo sugiere Ian Gibson en su biografía de Lorca.)

La música, tocada en vivo por el pianista y percusionista Rafael Plana, es uno de los principales aciertos del espectáculo. La partitura integra, de forma coherente y audaz, coplas y palos de flamenco, piezas clásicas del compositor catalán Enrique Granados (Andaluza, Orientales y el interludio de Goyescas) y la musicalización de la elegía lorquiana hecha por Plana y Antonio González.

La coreografía entremezcla con

naturalidad danza clásica española y

flamenco ''puro y duro''. Entre sus pasajes de mayor intensidad están el frenético taconeo del torero, con una venda roja

en los ojos, alrededor de un círculo de luz, y el inquietante y sexual pas de deux

con las navajas.

Desde su aparición con el torso desnudo, incorporando al toro, Frederic Gómez cautiva con su búsqueda de un magnetismo animal. Más adelante, desdoblado en mozo de taberna y en amigo-cómplice, vuelve a poner de relieve su fuerza de bailarín flamenco y su euritmia. A Nacho Blanco, creador de la coreografía, le corresponde la difícil misión de transmutarse en Sánchez Mejías, un hombre descrito por quienes lo trataron como ''guapo, atlético, bronceado y gran conversador''. Aunque ni el porte ni la estatura lo ayudan en el empeño, logra salir airoso del reto gracias a la intensidad y la seguridad de su baile, y casi nos convence de que ``No hubo príncipe en Sevilla/ que comparársele pueda,/ ni espada como su espada/ ni corazón tan de veras''.

Juana García, ''la gitana catalana'', aporta su desgarrada voz, su temperamento y una inteligente valoración de cada palabra de Lorca, sorteando los escollos de una a ratos difícil línea melódica. Su cante y su imponente presencia escénica enlazan y cohesionan espacios (campo-taberna-ruedo) y situaciones (enfrentamiento-juego-duelo).

Aunque la estilización de El llanto no llega al extremo de renunciar a peinetas, abanicos, castañuelas, navajas, capas de torero y espadas, logra asimilar estos elementos a una atmósfera sobria y de acendrada teatralidad. Aunque con unos minutos menos esta ''corrida'' ganaría en densidad e impacto, Octubre Teatral trajo magia y emoción a Miami.• 


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