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Cristina Lei-Rodríguez y Gavin Perry: Escultura acumulativa y pintura geométrica

Especial/El Nuevo Herald


"Shane" 2008. Plastico, epoxy, plexiglass, cadena, alambre, metal y accesorios de Cristina Lei-Rodriguez.
Cortesia Galerie Emmanuel Perrotin
"Shane" 2008. Plastico, epoxy, plexiglass, cadena, alambre, metal y accesorios de Cristina Lei-Rodriguez.

CORTESIA: GALERIE EMMANUEL PERROTIN

'UNTITLED (FOR CHAMBERLAIN)', 2008. METAL, YESO, PINTURA, EPOXY, BRILLO (GLITTER), IMITACION DE HOJA DE ORO, CADENA, OROPEL, 'RHINESTIONE' DE CRISTINA LEI-RODRIGUEZ.

El siglo XXI ha comenzado con un nuevo tipo de escultura producida a partir del detrito de la civilización global. La llamada ''escultura de la acumulación'' tiene antecedentes en el neo-dada de Rauschenberg y Jaspers de los años 50, los assemblages del Nouveau Réalisme, con Arman a la cabeza, y expresiones ampulosas de la década de los años 80 (los Mike Kelley y Jason Rhoades). Luego, durante la década de los años 90, las pilas de basura de Tim Noble y los monumentos de escombros de Sarah Sze. De ahí la muestra New Works de Cristina Lei-Rodríguez en la conocida galería Emmanuel Perrotin, en Wynwood.

Con esta exhibición Lei-Rodríguez parece dejar atrás la frecuencia del grotto ruinoso y el jardín Zen encantado prerrafaelita, para lanzarse de lleno a reclamar su tajada de historia (ahora al pie de la página del minimalismo). Un Yin Yang se arma entre ruido y silencio, historia y apropiación, caos y orden. Por supuesto que tiene sentido: Hay un dejo de John Chamberlain, Carl Andre y Donald Judd en la reutilización de materiales ordinarios con orden específico (aunque el manifiesto minimalista los dejaban tal cual: ''una roca es una roca'', decía Andre). No así en la apropiación postmoderna historicista con pátina dorado-plateada y acentos de moda post-apocalíptica de Lei-Rodríguez: Glitter áureo de maquillaje ruidoso, caótico en un ficticio mundo inmundo, gestual y amenazadoramente femenil (coctel de Glam con toques de Pat Cadigan en la novela Synners).

Untitled (for Chamberlain) recuerda los amasijos metálicos del famoso escultor al que dedica la pieza. La versión del caparazón ornado/dorado con piedras y cadenas de Lei-Rodríguez se mantiene al borde de los acordes punk en Bad Girls del New York Dolls: ''Gotta get some lovin before the planet is gone''. Slutty es una versión femenina del pájaro brancusiano, materia derretida por la radiación dentro de la nave espacial de Major Tom (justo antes de que el pelirrojo Ziggy se lance al espacio sideral en su traje de lentejuelas con botas de tacones de cuatro pulgadas). Vamp es una especie de Nike, diosa abstracta, rockera andrógina, sus brazos ramosos extendidos cual súplica, engalanada con atuendo de malla, esparadrapo, plástico y profusión de cadenas hechas garabato peregrino, pleno éxtasis dentro del espacio sonoro, tecno e industrial del remix Deep Down Trauma Hounds de Skinny Puppy.

Llamativo contraste que las otras obras del show evocan el silencio, como Clear Plank, collage transparente realizado con epoxi y piedras sobre plancha de plexiglás. O la solitaria Untitled (para Judd) con aura de pátina beuysiana rememorando la instalación de seis piezas del maestro minimalista en 1968. Vista de cerca la suculenta superficie de la caja confiesa su frivolidad con próvido pundonor que convence: Del minimalismo sólo queda el recuerdo del sabor (pienso en Gnaw de Janine Antoni, en la que la artista erosiona a mordidas minimalistas un enorme bloque de chocolate): Es la objetificación estética de la historia reducida al silencio de la música electrónica click de un Alva Noto.

El show deja un raro sabor de acabado solemnemente histórico, envuelto en una carcajada estentórea y amarga.

No lejos de Perrotin, en la Fredric Snitzer Gallery se presenta Dead Century del pintor miamense Gavin Perry: Pintura acompañada por gesto geométricamente terso y lustroso; armadura modernista por la que se cuelan los demonios.

Perry alude a la muerte del siglo con ápice de ornada y oscura nostalgia. La centuria veinte de alborada stijliana/ vorticista/ purista/ contructivista fue mezcla contradictoria de protofascismo con teosofía y socialismo (y lo peor no fue necesariamente el totalitarismo). Sin duda, el arte geométrico portaba en su DNA ideológico ''la ley tectónica'' de que hablara Max Bill (Mondrian llegó a pronunciar que ``el ángulo recto no es tan duro como parece'').

Le sigue la explosión del denominado ''Op Art'' en Nueva York, 1965, con sabor concreto, empírico y situacionista. Perry se mueve entre el Stella de la Serie de miniaturas a Benjamin Moore de 1962 y la oscura Monumento a Tatlin de 1969. Debe mencionarse que el Perry reciente se parece un poco al artista angelino de los años 90 tempranos, Mark Grotjahn. Hallo similitudes de ambiente y coloración y en cómo ambos buscan romper con la simetría (en Grotjahn, sus proyecciones internas inversas; en Perry, sus tejidos ornamentales con tendencia a sutil graffiti aun no manifiesta, a no ser por una pieza clave del show).

El siglo muerto de Perry se rige con su propio código geométrico interno y angular, ajeno y extraño a lo curvo (aunque como balance elabore tejidos biológicamente sugestivos, sintaxis interna ajena y subversiva a la forma). El artista miamense produce dos aspectos: uno geométrico y vectorial; el otro suave, idiosincrásicamente ornado que insinúa hechura humana laboriosa.

Perry presenta una serie fresca de figuras en rojo y plateado que contrastan con la pátina bruñida y umbría que domina el show (funcionan stellarmente como ''en nota''). He Doesn't Look a Thing Like Jesus exhibe un momento de rompimiento que Perry buscaba hace tiempo: Fragmentar la simetría sin rechazarla del todo (la ``dialéctica culpable'' de que hablara el crítico Harold Rosenberg). El pequeño cuadro, de superficie angularmente bisecada con impresiones vitralescas/sicodélicas, acusa la ambivalencia del manifiesto del artista óptico Franc¸ois Morellet cuando recomienda que en la elección intuitiva, ``la decisión ocurre sin que la consciencia del sujeto opere''.

Dead Century funciona como oportuno anuncio al presente, continuo porvenir de lo urbano en lo metafísico, el grito con el mito y la calle por la puerta.• 

'New Works' de Cristina Lei-Rodríguez, hasta el 24 de mayo. Emmanuel Perrotin Gallery, 194 NW 30 calle, (305) 573-2130. 'Dead Century' de Gavin Perry, hasta mañana. Fredric Snitzer Gallery, 2247 NW 1 Place, (305) 448-8976.