Estas reflexiones han surgido, sin él casi sospecharlo, al hablar con el crítico y profesor de arte Juan A. Martínez, autor de Cuban Art and National Identity: the Vanguardia Painters: 1927- 1950 (University Press of Florida, 1994), sobre la exposición actual en el Museo de Arte de Fort Lauderdale, Sin rupturas: diálogos en el arte cubano.
Me interesó mucho su comentario de que ''los artistas cubanos que en los años 80 y 90 hacían un arte político, del 2000 en adelante se han salido de la temática cubana''. Sería bueno que Martínez curara una futura exposición con ese concepto universalista. Otros artistas representados en Sin rupturas también opinaron.
De Alejandro Aguilera, residente en Atlanta, se ha incluido en la exposición La historia y su representación, dos esculturas de tema muy violento: una mujer tirada en el suelo en el acto de dispararse al corazón y un hombre de pie con una mano en alto y otra cubriéndose el sexo. Según el artista, representan a la revolucionaria cubana Haydée Santamaría, en el momento de suicidarse, un 26 de Julio, en acto de protesta, y a su hermano muerto Abel.
Confirmando la opinión de Martínez, Aguilera casi tenía olvidadas estas esculturas, una serie que comenzó en Cuba y terminó en Monterrey, México en 1999. ``No se usa ya mucho el arte político, se usó en los años 80 el arte social de grandes statements, hoy en día está más retirado por el arte de la globalización que está viendo el mundo desde cualquier lado''.
Las esculturas son una manifestación y símbolo de la violencia y de la manipulación de la historia en Cuba. ``Son personajes históricos que han pasado de alguna manera al anonimato, a pesar de que estuvieron en la revolución''.
El artista no quiere volver a pensar en ello. ''Me duele mucho, es como una llaga'', dijo, pero siguió contando: ''lo opuesto del heroísmo es el suicidio, a ella le negaron el panteón de los grandes héroes''. Ambas figuras, en la exposición de Fort Lauderdale, y otras recientes del escultor, como The Walker and his Shadow (El caminante y su sombra), de 2006, tienen halos.
En los últimos tiempos, y pensando que el deporte implica un tipo de liberación, Aguilera ha estado creando un arte en diálogo sobre el béisbol con el artista Radcliffe Bailey en Atlanta. ``Ningún artista puede estar descontextualizado, yo me alimento del contexto donde yo vivo; los artistas tienen que trabajar vinculados de alguna manera al ambiente. El arte dedicado a la historia de Cuba y los mitos cubanos no los he abandonado, pero me he dedicado a estudiar el arte africano, la cultura negra y la cultura india, y las culturas no muy hegemónicamente occidentales. Me gusta más ese tema''.
Aguilera dice que va a pasar ''la noche de Fidel'', y ``va a quedar la cultura libre de Cuba, con millones de temas que son medulares, que no son tan finitos que se puedan
desmembrar''.
El caminante y su sombra, de técnica mixta, madera, metal y cartón, de 80 pulgadas de alto, en casa de Silvia Dorfsman, muestra este ideal universal. Puede ser cualquier caminante, aunque se asemeja a una obra hierática, religiosa, lo que es parte de su estilo en muchas de sus obras. El explica que ``evoca la idea de un viajero que va rehaciendo su cuerpo con fragmentos de lo que encuentra a su paso: un hueso mondo, un pedazo de arcada, una hoja seca... y el caminante atraviesa el umbral de una puerta para reencontrarse con su pasado inmediato, hecho de líneas, trayectos
y sombras''.