HOLLYWOOD
Quentin Tarantino el 'Enfant terrible' genial

By CHARLES COTAYO
El Nuevo Herald
Como pasa con casi todos los cineastas, fue una sola película la que sacó a Quentin Tarantino a la luz de la fama internacional. Con Reservoir Dogs, realizada hace más de 15 años, estableció un estilo cinematográfico que aún es difícil de definir con exactitud. Y ése es precisamente el enigma de este influyente director cuyas películas tienen su sello particular.
Reservoir Dogs (1992) fue un drama de crimen de modesto presupuesto con fuertes dosis de violencia y sangre. Lo que lo eleva de un baño de sangre común y corriente es su nivel de intelectualismo, principalmente en su diálogo y en los ángulos geométricos de la fotografía. Tarantino no sólo estaba tratando de reinventar el género, sino que también lo estaba haciendo con la sofisticación de alguien que --quizás-- deseaba demostrar que además de poder crear cintas comerciales era también un ``artista''.
Reservoir Dogs ha estado disponible en DVD, y no hace mucho fue estrenada en el nuevo formato de alta definición Blu-Ray Disc, distribuida por Lionsgate, que revive para una nueva generación la génesis en la pantalla de un hombre que --al igual que Orson Welles y otros mavericks del cine-- es toda una institución.
Por ejemplo, el nombre de Quentin Tarantino, quien cumplió 44 años el 27 de marzo, tiene casi el mismo peso que el de Steven Spielberg. Se ha convertido en uno de los grandes y más completos cineastas de este país, aunque no todo lo que ha hecho es necesariamente un clásico como Reservoir, y muchos menos de la talla de su más famosa película, Pulp Fiction (1994), en la que resucitó la carrera de John Travolta y se ganó un Oscar por su insólito guión.
A Tarantino le gusta experimentar. Los personajes de Pulp Fiction se convierten en títeres humanos a los que manipula en una especie de underground universal que a veces nos recuerda a David Lynch, pero más juguetón. Y si bien no se puede calificar de ''caricaturas'' a los personajes que ha creado, tampoco son seres humanos convencionales, sino que pertenecen a una esfera expresionista, impresionista o surrealista. Si las películas de Tarantino fueran pinturas, quizás pertenecieran al mundo del dadaísmo: conteniendo una ilusión de arte, pueden significar algo profundo o carecer completamente de un significado deliberado, pero no son ''obras de arte'' típicas en el mismo sentido que Citizen Kane (1941), Jules et Jim (1962) u 8 ½ (1963).
Tarantino ha revolucionado el cine de Hollywood, pues sus películas dan la impresión de haber sido hechas por un ''rebelde'' al que le gusta ser rebelde; un enfant terrible que derrumba los castillos de arena de otros de la cinematografía para crear sus propios monumentos a la banalidad social, que aplaudimos porque resultan ser cintas geniales o dan la ilusión de brillantez. Un ejemplo es el famoso monólogo en True Romance (1993), dirigida por Tony Scott, en el que el personaje de De- nnis Hopper describe una versión controvertida de la ''evolución étnica'' en Sicilia. El cinismo es tan agudo, tan deliberado y con un nivel de intelectualidad tan penetrante, que no se detiene ante los convencionalismos, en una cinta esencialmente comercial.
Pero eso es parte del carácter de Tarantino: desafiar lo establecido derribando y reinventando lo tradicional. En ese aspecto, es al cine lo que Madonna a la música.
Reservoir Dogs reinventó las películas de crimen de bajo presupuesto; True Romance reinventó a su vez el género de cintas sobre el crimen organizado; la serie Kill Bill (2003-2004) reavivó las aventuras de artes marciales. Su más reciente, Grindhouse, codirigida con Robert Rodríguez, trata de inyectar una nueva perspectiva a esas películas de ''explotación'' de la sangre y la violencia, en este caso con su toque de ''tarantinismo''. La filmografía de Tarantino es un reafirmación de que él es uno de los pocos auteurs de Hollywood cuya firma no se podrá borrar de la historia de la gran pantalla a la que sigue contribuyendo.
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