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Crisis sacude a ícono inmobiliario de Miami


JORGE PEREZ en su oficina The Related Group con vista al downtown y al río de Miami. En la parte 
de atrás está el edificio el ICON en Brickell su nueva ciudad dentro de la ciudad. El proyecto 
está estancado debido a la caída del mercado inmobiliario.
JORGE PEREZ en su oficina The Related Group con vista al downtown y al río de Miami. En la parte de atrás está el edificio el ICON en Brickell su nueva ciudad dentro de la ciudad. El proyecto está estancado debido a la caída del mercado inmobiliario.
AL DIAZ / The Miami Herald

The Miami Herald

Entonces llegó el momento del desplome.

Pérez dice que vender o alquilar todos los apartamentos del ICON demorará por lo menos tres años. De las primeras 400 personas que firmaron contratos de compra, solamente 30 cerraron la compra porque no pudieron obtener financiamiento o no quisieron comprar cuando el valor de las propiedades se desplomaba.

Pérez anda en busca de una solución no sólo para el ICON, que tiene una deuda de $700 millones, sino para Trump Towers en Sunny Isles Beach, Oasis en Fort Myers, City Place South Tower en West Palm Beach, 500 Brickell en Miami y Trump Hollywood, que todavía no está terminado.

Además de pedir una prórroga para el pago de la deuda, Pérez ha solicitado a los banqueros que moderen las restricciones para que los compradores puedan conseguir crédito.

The Related Group se considera desde hace mucho una compañía con la solidez y experiencia financiera para sobrevivir un declive económico prolongado. Y aunque tiene problemas, a otros urbanizadores les ha ido peor.

La crisis ha acabado con urbanizadores como WCI Communities, en Bonita Springs, que se acogió a la protección de las leyes de bancarrota, y Levitt & Sons, de Fort Lauderdale, que simplemente liquidó.

"Si todos los prestamistas exigieran el pago de los préstamos, sin prórrogas, no quedaría nadie en pie'', dijo.

¿Está The Related Group entre esos?

"Absolutamente'', dice Pérez.

En la reunión con los prestamistas el mes pasado, Pérez y su firma de asesoría, Algon Group, pidieron paciencia.

Los banqueros podían intervenir las propiedades, prorrogar los términos de los préstamos o vender la deuda a otros inversores.

El propio Pérez ha excluido la posibilidad de una cuarta opción: darle la espalda al problema.

"Creo que [los banqueros] no pensarían en poner a otra persona en su lugar'', dice el analista de bienes raíces Lew Goodkin. "No creo que vayan a conseguir a nadie que se pueda comparar''.

Pero la incertidumbre ha abrumado mucho a Pérez.

"Uno mira el asunto primero y dice: ‘Dios mío, podría perder esto. Dios mío, habrá bancos que exigirán liquidación y tendré que hablar con ellos, cosa que no he hecho nunca. Dios mío, ¿qué va a pensar la comunidad? "Entonces uno dice: ¿Qué es lo importante? ... ¿He construido edificios que creo que son la verdadera expresión de lo que yo quería crear?' La respuesta a esas preguntas es que sí.

Pérez está reorientando su compañía en un intento de sobrevivir al desplome.

Ya ha reducido gastos y despedido a más del 25 por ciento de sus empleados, que ahora suman unos 400.

A pesar de su riqueza, Pérez cuenta los centavos alguna que otra vez. Ha recibido a socios para un viaje de negocios temprano en la mañana y lleva una bolsa de pretzels de Publix. Para una conferencia reciente en Utah, decidió pasar por alto su avión personal y usar un vuelo comercial.

Anda en busca de nuevas fuentes de ingresos: entrar de nuevo al sector de vivienda, ahora respaldado por el gobierno, crear un negocio de asesoramiento de bienes raíces y moderarse aunque siga luchando por oportunidades de urbanización en Latinoamérica. El año pasado estableció un fondo para comprar propiedades abrumadas, entre ellas algunas suyas.

Mirando hacia atrás, Pérez dice que quisiera haber hecho más por impedir que los especuladores compraran tantos apartamentos. Y añade que los urbanizadores, incluyéndose él, no debieron haber pensado que el sur de la Florida era distinto y de- sestimar los métodos tradicionales de calibrar la demanda Además, dice que supuso erróneamente que seguirían viniendo personas de otras partes de Estados Unidos, de Latinoamérica y Europa a comprar segundas propiedades.

Pero insiste en que de no haber sido por la crisis de crédito el otoño pasado, sus apartamentos se habrían vendido.

Con seis meses más habría resuelto'', dijo "¿Podía pronosticar que los bancos iban a quebrar? ¿Acaso alguien se lo imaginó?"

Pérez tenía "un historial sin par en el negocio de los apartamentos'', dice Neisen Kasdin, abogado y ex alcalde de Miami Beach que ahora ejerce en la Dirección de De- sarrollo del Centro de Miami. "Lo único que pasó es que estuvo demasiado tiempo en el juego. Si Jorge no hubiera construido ese último puñado de proyectos, podía haberse retirado ganando''.

Pérez insiste en que su compañía sobrevivirá el cataclismo económico y dice que el ICON Brickell finalmente se considerará un componente clave en el renacimiento urbano de Miami. Dice que está más interesado en dejar un legado de centros urbanos habitables, con calles activas, residencias a corta distancia de restaurantes, escuelas, tiendas, parques y oficinas, que en ser multimillonario.

"Si muero con $50 millones en vez de $3,000 millones, eso no es importante'', dice. Hasta sus reveses recientes, Forbes colocaba en $1,300 millones su fortuna.

Espera que se le recuerde como a Merrick y Fisher: por transformar el sur de la Florida de manera duradera.

"¿Creen que cuando se los recuerden será porque quebraron?" pregunta.

"No. Los recuerdan por lo que crearon''.

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