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HOLLYWOOD

Anthony Mann: luces, cámara, épica

Aprincipios de la década de los años 70, una de las películas que se presentaba con frecuencia en cines miamenses como el teatro Trail era la epopeya medieval El Cid (1961), protagonizada por Charlton Heston y Sophia Loren, en inglés con subtítulos en español. La mayoría de los exiliados cubanos en el sur de la Florida en aquel entonces vieron este famoso blockbuster sobre el guerrero español que contribuyó a la liberación de España del dominio moro. Hoy es considerada una obra maestra de Anthony Mann, su director.

Mann estuvo casado por un tiempo con la española Sarita Montiel, y quizás fue ella quien influyó en su amor por la tierra de Cervantes y los majestuosos paisajes que figuran en El Cid y en su siguiente y última epopeya, The Fall of the Roman Empire (1964).

El Cid fue un éxito taquillero. La aún más costosa y superior The Fall of the Roman Empire --cuya historia es bastante parecida a Gladiator (2000), sobre la caída de ese imperio tras la muerte de Marco Aurelio-- fue un fracaso que detuvo por un tiempo la tendencia hollywoodense de superproducciones basadas en temas históricos.

Algunos sostienen que el fiasco de The Fall se debe en gran medida al bad timing de su estreno en Estados Unidos, tomando en cuenta los problemas sociopolíticos de aquella época y que el público deseaba diversión y temas más alegres. Por si se precisara algo más, el final de la cinta es extremadamente pesimista, aunque históricamente cierto: el imperio que dominó gran parte del mundo entraba en su irreversible decadencia.

Este año, Genius Products, bajo el sello The Miriam Collection, estrena dos magníficas restauraciones de estas reliquias que hoy día serían incosteables debido a la autenticidad de los sets y la multitud de extras en varias secuencias. Curiosamente, Mann consiguió que el ejército español de Franco --incluida su caballería-- participara integrando las distintas huestes enfrentadas en la monumental The Fall of the Roman Empire.

La viuda del director, la británica Anna Mann, una bailarina de ballet clásico que tuvo un papel pequeño en El Cid, nos contó, en una reciente entrevista telefónica con El Nuevo Herald, su esperanza de que ahora que estas películas han sido restauradas y están disponibles para una nueva generación, Mann siga cobrando fuerza como uno de los grandes cineastas de Hollywood.

'Lamentablemente, Tony nunca tuvo la publicidad que merecía en este país. Siempre pensé que debió haber tenido más promoción, pero él decía que se consideraba ``tan bueno como mi última película' '', recuerda Anna.

Nacido en San Diego, California, en 1906, falleció en Berlín, Alemania, el 29 de abril de 1967, cuando filmaba el thriller político A Dandy in Aspic, protagonizada por Laurence Harvey, quien asumió la dirección para terminar la cinta.

''Murió en mis brazos de un ataque al corazón'', rememoró Anna, quien tuvo un hijo con el director.

En la tradición del cineasta ruso Sergei Eisenstein (Potemkin) y el británico David Lean (Lawrence of Arabia), Mann era una apasionado de lo épico, lo espectacular, al que le fascinaba trabajar con lienzos amplios para crear sus meticulosas imágenes. ''El trataba de captar la grandiosidad y sabor de los tiempos [que dramatizaba], su magnitud y amplitud'', subrayó su viuda.

Anna contó una anécdota que quizás explica esa inclinación hacia lo grandioso tan característico en casi toda la cinematografía de Mann, que incluye aventuras del oeste como Man of the West (1958), con Gary Cooper, y Cimarron (1961), con Glenn Ford. Al principio de su carrera como director, a veces tenía que filmar cintas de bajos presupuestos sin ninguna escenografía. De hecho, llevaba a su elenco a sitios en exteriores para filmar ciertas escenas. Esa necesidad contribuyó a desarrollar su ojo cinematográfico para convertir locaciones naturales en tapices épicos.

''Este es el único país en el que no se le considera entre los grandes directores como David Lean, el sueco Ingmar Bergman y el indio Satyajit Ray'', enfatizó Anna.

No obstante, hoy directores de la talla de Martin Scorsese reconocen la importancia de la filmografía de Mann. Una de las primeras actrices de primer nivel que reconoció el talento de Mann fue Barbara Stanwyck, que insistió en que él la dirigiera en The Furies (1950), otro filme rarísimo que llegará también este año a las pantallas hogareñas para reafirmar la indiscutible grandeza de este maestro cuyas obras crecen con el tiempo.

''Es hora de que lo reconozcan'' como el gran cineasta que fue, afirmó Anna Mann. Secundamos esa moción.• 

ccotayo@herald.com


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