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Apoteosis escénica del 2 de Mayo
EVELIO TAILLACQ/MADRID
Especial/El Nuevo Herald
Aunque la ciudad parecía desierta en muchas zonas, la multitud formada por turistas de diferentes orígenes y ciudadanos de la capital y de los alrededores que no se fueron de viaje durante el puente festivo del 1ro. de Mayo, repletaron las calles de Madrid. La conmemoración, para la que se había venido trabajando durante meses, lo merecía. Era la celebración del Bicentenario del 2 de Mayo.
Y, como no es de extrañar en una comunidad donde se rinde culto al arte y la cultura en general, y se promueve con devoción el espectáculo escénico, fueron muchos los rincones del centro de Madrid los que se convirtieron en escenarios al aire libre para recrear los momentos más estelares de aquella gesta en la que el pueblo español en pleno se rebeló contra el dominio napoleónico.
El evento, titulado 6 Goyas 6, comenzó a las puertas del Museo del Prado, sacando a pasear seis ampliaciones de obras alegóricas a la fecha de Francisco de Goya. De allí, la ronda de actividades siguió a la Explanada de la Almudena --junto al Palacio Real--, donde cientos de estudiantes madrileños construyeron un puzzle gigante y se brindó un concierto de la Banda Sinfónica Municipal. Con tiempo cronometrado, para que el público pudiera trasladarse de un sitio a otro si quería, la Plaza 2 de Mayo se llenó de danza y marionetas gigantes en la representación de Los amores y desamores de la maja y la bestia, con permiso de Manolita Malasaña, seguidos del recorrido de bandas de música, interpretando la sinfonía de Carlos Santos, desde la Plaza de la Villa hasta la Plaza Mayor, donde los caballos de La Ciudadela (Murcia), Les Musiciens de Nil (Egipto) y La Symphonie Mécanique (Francia) recibieron a la multitud con danzas y música, bajo una gigantesca reproducción de La batalla de los mamelucos.
Así, con total apoyo económico y logístico de su ayuntamiento, cientos de actores, cantantes, bailarines, figurantes y técnicos representaban, desde gigantescos andamios y plataformas, los episodios nacionales que universalizara en su famosa novela Benito Pérez Galdós.
El cierre de esta apoteosis conmemorativa fue en torno a la emblemática estatua de la diosa Cibeles, con un espectáculo multidisciplinario a cargo de la mundialmente conocida compañía catalana La Fura dels Baus. Esta vez, el pueblo de Madrid y sus visitantes vimos --en 17 escenas donde se fusionaron elementos de circo, danza, teatro, magia y efectos pirotécnicos, con despliegue de rayos láser y proyecciones-- no sólo al pintor protagonista de la jornada, sino al mismísimo Fernando VII y a Napoleón, como figuras de una representación magistral donde el carácter multitudinario no restó detalles ni pasó por alto el rigor histórico.
Los palacios de la Casa de América y el de Comunicaciones sirvieron de telón de fondo. Una gigantesca noria se abrió paso entre la multitud para luego revolotear sobre la diosa, como símbolo del tiempo detenido. Seguidamente, un actor caracterizado como Fernando VII cruzó el espacio sobre una cuerda floja, equilibrándose con banderines de ambos países en conflicto.
El fusilamiento del 3 de mayo fue evocado mediante unos paneles humanos, donde colgaban entrelazados 36 actores, mientras se escuchaba el redoble de tambores militares. El estruendo de una descarga estremeció a los miles de espectadores con la dramática evocación.
La voz del actor José María Pous, Premio Nacional de Teatro, hilvanó el relato histórico que entrelazó aquel alzamiento popular con el nacimiento en Cádiz de la primera Constitución española, en 1812. Se sintió el clásico grito de ''¡Que viva la Pepa!'', para dar paso al impresionante despliegue de fuegos artificiales. Una velada que puso de manifiesto, una vez más, que ni el arte ni la historia están reñidos con el espectáculo y el entretenimiento de las multitudes.
ROSARIO ROQUERA Y GITANA
También la pasada semana, pero en un ámbito más íntimo, Rosario lanzó su más reciente disco, Parte de mí (Universal Vale Music, 2008), en un local de profundo recuerdo para su familia, en el tablao flamenco Los Canasteros, donde actuaron muchas veces su madre, Lola Flores, y su padre, Antonio González, El Pescaílla.
''Y es que también forma parte de mí'', confesó la cantante a los que concurrimos al estreno, y agregó sobre la tónica de este álbum: ''Me considero una gitana del rock & roll; en mis conciertos me acompañan muchos músicos en el escenario, sin programaciones, en puro directo'', con lo que descarta el uso de las tan recorridas ''secuencias'' (pistas) con las que muchas estrellas actuales suplantan mediante grabaciones la voz en directo.
Se trata del octavo disco en sus 25 años de carrera musical, y con él Rosario ha asumido el riesgo de hacer suyas muchas canciones popularizadas por otros cantantes, como Lucía, Tatuaje, Mujer, Samba pa' ti, Algo contigo, y hasta una de las pocas canciones compuestas por su madre, Como me maravillaría yo. Sin duda, todo un reto. Pero que, con su definida personalidad artística y su fraseo particular cabe asegurar que será un disco muy a lo Rosario. Suerte.
etaillacq@yahoo.com