Los contratistas militares: una amenaza de seguridad
Por GERARDO REYES
El Nuevo Herald
CACI International fue demandada en cortes de Estados Unidos por el Centro de Derechos Constitucionales que alega que algunos de los empleados de la empresa participaron en las torturas de los prisioneros de Abu Ghraib.
Según la demanda, dos de los interrogadores, Stephen Stefanowicz (conocido como Steve El Grande) y Daniel Johnson "eran considerados como los más agresivos''.
Ambos fueron responsables de dirigir al personal militar de Estados Unidos "para torturar a los prisioneros y abusar de ellos'', agrega la demanda radicado en diciembre en Washington.
La firma ha rechazado categóricamente la acusación argumentando que ninguno de sus empleados aparece en las imágenes de las torturas que le dieron la vuelta al mundo y quetomará acciones más drásticas si se demuestra alguna conducta ilegal de sus empleados.
Afirma Shorrock que el proceso de delegación de los servicios de inteligencia comenzó en la era del presidente Ronald Reagan, que estaba empeñado en privatizar hasta el Servicio Guardacostas, pero no lo logró por no tener mayoría en el Congreso; se intensificó visiblemente con Bill Clinton y se consolidó con el presidente George W. Bush.
Reagan lo hizo pensando en que el Estado debe emular el sentido de competitividad del sector privado; Clinton lo continuó con la idea de ahorrar costos y mejorar la eficiencia, a la vez que no estaba muy interesado en asuntos de espionaje. Al final de su gobierno, más de 100,000 puestos del Pentágono habían sido transferidos al sector privado. Y Bush lo amplió acosado por las críticas demoledoras a los organismos de inteligencia y su afán por responder a los golpes del terrorismo.
Casi todos estos conglomerados están manejados por ex funcionarios de los servicios de inteligencia que vienen y van al sector público a través de una puerta giratoria que no pasaría un examen de conflicto de intereses.
Una pesquisa de la Oficina de Investigaciones del Congreso (GAO) halló que 2,435 ex altos funcionarios del Pentágono han sido contratados por 52 empresas privadas de defensa. Un 16 por ciento de estos ex empleados hacen trámites de las compañías privadas en asuntos relacionados con las oficinas donde solía trabajar.
Joan Dempsey, vicepresidenta desde el 2005 de Booz Allen and Hamilton, fue subdirectora de la CIA y anteriormente integrante de la junta de asesores de inteligencia en el exterior de Bush.
Garantiza también la continuidad y crecimiento de estos negocios que, si bien corren grandes riesgos, el grado de responsabilidad frente a las fallas de sus servicios es mucho menor que el de una unidad militar o de una oficina de la comunidad de inteligencia del gobierno.
Ningún empleado de la firma Blackwater International involucrado en la llamada masacre de la Plaza de Nisour en Irak ha sido condenado por autoridades de Estados Unidos.
Blackwater International es la firma emblemática de la bonanza de la contratación de ejércitos privados. En cuestión de siete años, pasó de ser un pequeño centro de entrenamiento de policías en Carolina del Norte a manejar el ejército privado más grande del mundo.
Su nombre ganó notoriedad a nivel mundial a raíz de la masacre conocida como el Domingo Sangriento de Bagdad, en la que patrulleros de la compañía, armados hasta los dientes, abrieron fuego y causaron la muerte a 17 personas en la Plaza de Nisour.
Los hechos, ocurridos el 16 de septiembre del 2007, fueron investigados por el FBI, que concluyó que no hubo razón justificada para disparar a las víctimas.
Cuatro días después de la tragedia, la compañía volvió a salir a las calles de la ciudad, sede de sus principales operaciones internacionales desde que en el verano del 2003 fue contratada para la seguridad del embajador de Estados Unidos en Irak, Paul Bremer.
De acuerdo con Jeremy Scahill, autor de un best seller sobre la empresa, "Blackwater reporta directamente a la Casa Blanca, no a los militares''.
A menos de 48 horas de que el Congreso de Estados Unidos iniciara un debate sobre la masacre, señala el autor, el entonces fiscal Alberto González anunció la apertura de una investigación criminal y le pidió al congresista promotor de la interpelación que no tomara testimonio sobre el caso porque esto podría tener afectos negativos sobre la pesquisa.
Con todo y estas limitaciones, el debate se realizó y el propietario de la empresa y presidente, Erick Prince, un ex miembro del grupo elite de operaciones especiales de la Armada, Navy Seals, respondió algunas de las preguntas con una actitud cínica e indolente, según algunos analistas de la prensa.
"¿Usted admite que el personal de Blackwater disparó y mató a civiles inocentes?", preguntó el congresista demócrata Danny Davis.
"No, señor. No estoy de acuerdo con eso. Creo que ha habido ocasiones cuando los chicos usan fuerza defensiva para protegerse, para proteger al grupo, tratando de apartarse del peligro. Podría haber disparos de rebote, hay accidentes de tránsito, sí. Es la guerra''.
Según el libro de Scahill, la historia del éxito de Blackwater es el producto de una confluencia fascinante de circunstancias en las que juega un papel dominante la identificación de su propietario con la profunda vocación teocrática de la administración de Bush y una bien engrasada maquinaria de influencias. Prince cree que el destino de la humanidad ya está trazado en un plan divino donde su misión es combatir y destruir el terrorismo global.
Esta identificación ideológica va acompañada de un torrente de millones de dólares de contribuciones para campañas políticas, cabildeo en Washington y aportes a movimientos religiosos de ultraderecha muy influyentes en el gobierno que presionan por una mayor injerencia del Estado en la vida espiritual de los ciudadanos.
Uno de los asesores de Prince dirige una asociación de pastores que promueven la lectura de la Biblia en las cárceles de Estados Unidos como un apostolado de contrapeso a una preocupante influencia del Islam entre los prisioneros.
Otro común denominador de estas firmas es que la competencia se cifra en el mayor número de empleados "certificados'' por el gobierno de Estados Unidos para trabajar en asuntos de inteligencia. Este personal ha reemplazado cargos en la CIA y en el Centro Nacional Contra el Terrorismo.
De los 44,000 empleados de SAIC, (Science Aplications International Corporation) una de las firmas preferidas por el Departamento de Seguridad Nacional con $8,900 millones de ingresos anuales, más de la mitad son certificados.
De acuerdo con Shorrock la industria esta conformada por varias clases de empresas. En la cima están las "integradoras de sistemas'' que manejan megaproyectos de entidades del gobierno. Las compañías líderes en esta franja son SAIC y Booz Allen Hamilton, que trabajan intensamente como National Security Agency (NSA), National Geoespatial Intelligence Agency (NGA) y la CIA.
También se encuentran en este renglón de empresas de outsourcing de inteligencia: Lockheed Martin, Northrop Grumman, Raytheon, Computer Sciences Corporation, General Dynamics Advance Information Systems y Bae Systems.
En otro nivel, agrega el autor, están las compañías que se especializan en servicios de tecnología de la información que son esenciales para agencias como la CIA y la NSA y con frecuencia trabajan como subcontratistas de los integradores de sistemas, de las cuales la mayor es CACI International.
Su principal competidor es ManTech International que ha desarrollado un programa que permite al FBI compartir información de inteligencia clasificada y no clasificada con otras agencias federales y autoridades locales.
La tercera franja esta compuesta por pequeñas compañías, la mayoría de las cuales operan alrededor de Washington, que se especializan en ofrecer programas para manejar el enorme y constante flujo de información de inteligencia.
En el cuarto nivel están las compañías, grandes y pequeñas, conocidas por sus avances en la tecnología de la información y la comunicación. Se citan: Google, Accenture, que ofrece planificación financiera y auditoría de las agencias.
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