Cinco días que conmovieron a la embajada de Estados Unidos en Cuba

Por GERARDO REYES
El Nuevo Herald
Betancourt, según los reportes, se disculpaba, acogía las denuncias y prometía que se las comunicaría a los jefes revolucionarios, pero también se quejaba de la actitud hostil de Smith, de quien resentía que se refiriera a los rebeldes como "bandidos''.
Decepcionado del gobierno de Castro, Betancourt abandonó años después Cuba y en Estados Unidos, donde ocupó la dirección de Radio Martí, se dedicó a denunciar los abusos del régimen y los presuntos nexos del gobierno cubano con el narcotráfico y el lavado de dinero.
El embajador Smith tenía listo un plan de evacuación en el que todo estaba previsto, menos que el nuevo gobierno se opusiera a la salida de barcos y aviones de la isla. Castro y sus comandantes argumentaban que esa operación suponía un incumplimiento de la huelga general decretada ya que se requería de personal cubano que ayudara en el despacho de las naves.
Un telegrama enviado a Washington por Smith a las 6:43 de la tarde del primero de enero resumía así la situación de La Habana:
"Tenemos más de 200 americanos, la mayoría turistas, en hoteles del centro de la ciudad, y algunos estudiantes, pidiendo asistencia a la embajada para regresar a Estados Unidos. El aeropuerto y el puerto de La Habana están cerrados. No hay taxis disponibles. Las calles están controladas por elementos irresponsables, la mayoría de los cuales están armados. Requerimos el envío de embarcaciones navales o comerciales para despachar los mencionados estadounidenses''.
Un capitán de la Armada de Estados Unidos, identificado como Harris, anunció el despacho de un submarino y dos fragatas de guerra desde Key West para coordinar la evacuación, como preámbulo a la salida de otra embarcación con 250 marinos. Pero el plan causó espanto en Washington, donde consideraban que la publicidad sobre semejante despliegue de fuerzas sólo serviría para provocar una ruptura de las ya difíciles comunicaciones con los rebeldes.
El Departamento de Estado suspendió la operación y acogió una nueva solicitud del embajador: el envío del transbordador City of Havana desde Key West para recoger a mujeres, niños y hombres mayores de 38 años.
Al mismo tiempo, la embajada empezó a hacer gestiones para el traslado de ciudadanos americanos por vía aérea. Contaba con el ofrecimiento de la aerolínea Panamerican de poner en funcionamiento un puente aéreo entre Cuba y Estados Unidos.
Desde Key West se anunció que el transbordador arribaría a La Habana en la tarde del 2 de enero. Pero a las 11 de la mañana, la comandancia de Castro le comunicó a la embajada que no autorizaba la llegada del barco ni la salida de aviones de PanAmerican para que la huelga continuara en pleno.
La embajada explicó que el embarque de pasajeros en el transbordador no requeriría del trabajo de ningún empleado.
Un poco antes de llegar la embarcación al puerto, los rebeldes autorizaron la evacuación, y para ello escoltaron al personal evacuado.
Tras una maratónica jornada , a las 8:45 p.m. el City of Havana, con 508 pasajeros, salió sin ningún inconveniente rumbo al sur de la Florida. La autorización fue dada por un comandante del M-26-7 y dos oficiales de la marina, uno de ellos de apellido Ponce y el otro Linas.
Hasta ese momento, varios vuelos de Cubana de Aviación procedentes de Miami habían aterrizado en el aeropuerto de La Habana, llenos de exiliados cubanos que habían combatido a la dictadura de Batista y que regresaban a celebrar el triunfo de la revolución. La operación había sido autorizada por los comandantes rebeldes, pero con una condición que enfureció a la embajada: los aviones debían volver a Miami sin pasajeros.
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