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Un americano perdido en la historia de Cuba

El Nuevo Herald

"Estos años de búsqueda han sido un proceso frustrante pero también curativo porque durante mi infancia mi familia pensaba que él era un loco delincuente, pero ahora pienso que era parte de una historia más grande, y nosotros no sabemos esa historia cómo fue'', comentó Karen Hughes.

Se agrega a la intriga que algunos documentos desclasificados reflejan que durante 1959 y parte de 1960, Hughes pasó información al gobierno de Estados Unidos -- especialmente al agregado naval de la embajada en La Habana -- acerca de las operaciones revolucionarias y del régimen de Castro.

Basándose en los recuerdos de sus compañeros, en entrevistas con Karen, quien vive en California, y en documentos de los Archivos Nacionales de Washington, El Nuevo Herald reconstruyó los episodios, casi todos inéditos, de la intensa vida de este piloto veterano de la guerra de Corea, a quien la historia de Cuba escasamente le ha concedido un pie de página.

En su juventud, Hughes fue un muchacho travieso que jugaba en la frontera de la delincuencia juvenil pero sin ánimo de hacerle daño a nadie, según Karen. Hacía cosas como robarse un jeep militar para pasear a sus amigos.

Cuando se marchó a la guerra de Corea como piloto era una persona comunicativa, pero a su regreso se transformó en hombre introvertido.

"Algo pasó, no sabemos qué, pero dice mi mamá que no era el mismo'', agregó Karen.

Hijo de un piloto de la Primera Guerra Mundial, Hughes fabricó a los 18 años un avión en el que llevó a volar a quien sería su esposa el mismo día que la conoció en un ascensor de Sears, en Atlanta. El trabajaba como jefe de bodega y ella en las oficinas administrativas. Se casaron en 1949 y tuvieron cinco hijos.

Como veterano de guerra, Hughes obtuvo una beca para estudiar Ingeniería Aeronáutica en Georgia Tech adonde acudían varios jóvenes de familias cubanas acomodadas. Entre ellos, Huguet, estudiante de arquitectura, hijo de un condecorado capitán de navío, veterano de la Segunda Guerra Mundial que vivía en La Habana.

Huguet tenía entonces unos 19 años y su interés por la política de la isla era mínimo. Esa apatía se acabó una mañana en que se levantó en su casa en El Vedado, donde pasaba vacaciones de receso estudiantil, y vio a su padre con el rostro ensangrentado.

Había sido salvajemente golpeado con manoplas por una pandilla de Rolando Masferrer, un temible jefe paramilitar que defendía la dictadura de Batista. Al regresar a la universidad, Huguet se unió a otros jóvenes del Directorio Revolucionario que ya habían avanzado en la empresa contra el dictador y hacían mítines en el recinto de la universidad.

Quizás en uno de esas reuniones, recuerda Huguet, fue que se le acercó Hughes para enterarse de la organización estudiantil.

"A Paul no hacía falta convencerlo porque él era un alma inquieta, quería libertad, quería la guerra, y como en guerra estaba yo, pues fue más fácil'', explicó Huguet.

Con dinero recaudado entre ellos, los estudiantes alquilaron una avioneta Cessna 172 en la que Hughes llevó varias veces armas desde Atlanta al sur de la Florida. De allí eran enviadas a Cuba camufladas en los guardafangos de un transbordador que cubría la ruta Cayo Hueso-La Habana.

Hugues se excusaba con su esposa de sus ausencias en estos días diciéndole que había sido contratado por un grupo de estudiantes cubanos para llevarlos a la isla de vacaciones.

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