Un americano perdido en la historia de Cuba
Por GERARDO REYES
El Nuevo Herald
"Desde la cabina sacamos pañuelos y finalmente nos reconocieron, eran nuestros compañeros'', dijo Huguet. "Pero las puertas del avión no abrían y tuvimos que salir por el hueco que había dejado la ventanilla que salió volando''.
Al triunfo de la revolución, Huguet, que nunca había tripulado un avión en su vida, recibió el grado de capitán de la Fuerza Aérea, y Hughes, también nombrado capitán, fue designado como instructor con derecho a operar todos los aviones de la flota, aunque no los hubiera piloteado antes.
Un día el piloto invitó a su amigo Huguet a bordo de un cazabombardero T-33 y lo sometió a un pavoroso vértigo surcando en piruetas audaces el cielo habanero. Al final de las maniobras, Huguet, quien trataba de mantenerse sonriente para que Hughes no se aprovechara de su cara de terror, escuchó por la radio del avión que un piloto militar pedía pista con urgencia porque temía que el "americano loco'' causara un accidente debido a que jamás había piloteado el T-33.
En tierra, Huguet se fue a los puños con Hugues por semejante imprudencia, recuerda.
Tras el triunfo de la revolución, Hughes regresó a Atlanta y no tuvo problemas en conceder una entrevista a un periódico local. Allí reveló su flamante cargo en el gobierno cubano, advirtiendo, eso sí, que continuaba siendo anticomunista.
En marzo llevó a vivir a su esposa y a sus hijas a la casa número 19406 del reparto habanero de Biltmore, en la calle 198 y la avenida 17, que se la había asignado la revolución gracias a la intervención de su amigo y paisano William Morgan, el entonces venerado líder revolucionario del Escambray.
Karen recuerda que la casa tenía muchas habitaciones, piscina, sala de cine, y un sótano al que su papá les tenía prohibido asomarse.
"Recuerdo que siempre había mucha gente, entrando y saliendo a la casa'', afirmó Karen.
A fines de junio de 1959, un acontecimiento interrumpió abruptamente el lento pero placentero proceso de adaptación de la familia a la vida de la isla en una casa en la que la única que hablaba español era Anelia, la nana de los hijos.
La casa fue allanada por la policía revolucionaria y Hughes fue arrestado junto con los visitantes Joseph Bardor, un director de cine estadounidense, Efrén Pichardo, enlace del Movimiento 26 de Julio en la Florida, naturalizado en Estados Unidos, y el periodista británico John Wilson.
En la casa de Hughes, señala un documento de la embajada de Estados Unidos, se encontró una gran cantidad de armas que serían usadas para invadir por tierra y aire a Nicaragua, entonces bajo la dictadura de Luis Anastasio Somoza Debayle.
En la operación estaban involucradas unas 200 personas, la mayoría estudiantes de la Universidad de Miami y de la Universidad Católica de Washington, agrega el reporte.
Fleites comentó a El Nuevo Herald que la misión existía y estaba en marcha. El célebre bombardero B-26 que había sido pintado con el símbolo del II Frente, sería usado para apoyar a las fuerzas contra Somoza que estaban al mando del guerrillero nicaragüense Indalecio Pastora, agregó Fleites.
Según Fleites, Hughes fue designado como el piloto del avión que aterrizaría en Bluefields, Nicaragua.
Pichardo, quien vive en Estados Unidos, le dijo a Karen que las actividades clandestinas en la casa de Hughes tenían como fin conspirar contra el gobierno de Castro y no contra la dictadura nicaragüense.
Para esta época, señaló Pichardo, Hugues ya estaba desencantado de la revolución. La semana pasada Pichardo dijo a El Nuevo Herald que prefería postergar una entrevista debido a un quebranto de salud.
Tras ser liberado el 18 de julio, Hughes regresó a sus actividades en la fuerza aérea, pero el 12 de agosto fue detenido nuevamente a su regreso de un viaje a Estados Unidos por razones desconocidas.
Aparentemente convencido de que había caído en desgracia con el régimen, Hughes sacó a su familia de Cuba. Karen recuerda que su papá logró salir de la estación de policía y en una angustiosa carrera contra reloj acompañó a sus hijas y su esposa hasta el aeropuerto y luego regresó a la prisión.
Finalmente, el gobierno de Cuba le pidió al piloto norteamericano que abandonara la isla y Hughes regresó a Estados Unidos con el riesgo de perder la ciudadanía por haber participado en un ejército extranjero.
A partir de este punto las actividades del piloto son erráticas.
En Estados Unidos compró un B-25 y se lo entregó en septiembre a las autoridades dominicanas a través de Edward Browder. El documento de la embajada no detalla el propósito del avión. Browder era un oscuro personaje traficante de armas con conexiones con la mafia.
El aparente gesto de entendimiento de Hughes con el gobierno del dictador Rafael Leónidas Trujillo contrasta con una queja de la propia cancillería dominicana al Departamento de Estado dos meses más tarde. El canciller dominicano encargado aseguró que el piloto compró un avión B-25 por órdenes de Castro para bombardear Ciudad Trujillo (hoy Santo Domingo).
"Este mercenario al servicio de Fidel Castro es un hombre peligroso'', escribió el funcionario dominicano.
El gobierno de Estados Unidos revocó la ciudadanía a Hughes el 2 de octubre, lo que no impidió que continuara entrando y saliendo del país para cumplir con sus nuevas incursiones.
Hughes incendió plantaciones de azúcar de Cuba desde aviones que salían de la Florida. Durante una de estas acciones, soltó un par de zapatos tenis con un mensaje para Castro en el que le advertía que pronto tendría que ponerse esas zapatillas para abandonar el poder, recuerda Huguet.
La familia de Hughes se instaló en New Jersey, donde un día apareció el piloto con planes de comprar una casa en un barrio vecino y organizar su vida familiar.
Pero su otra vida, la de conspirador sin remedio, siguió enredada en la historia de Cuba.
Un memorando de junio de 1960 de la embajada lo involucró en un sabotaje a un buque tanque ruso en el puerto de La Habana.
Alrededor del 4 de octubre, Hughes llevó en un bote torpedero de la Segunda Guerra Mundial hasta Bahía Navas, Cuba, a un contingente de 27 hombres, tres de ellos estadounidenses, que pretendían comenzar un movimiento guerrillero junto con más de un centenar de combatientes contrarrevolucionarios.
Los norteamericanos Robert Otis Fuller, de 25 años, Allen Thompson, de 32, y Anthony Zarba, de 27, fueron ejecutados tras un juicio sumario.
En la embajada estadounidense en La Habana no se descartaba que Hughes también hubiera caído preso o incluso se temía que hubiera sido ejecutado, pero el piloto regresó sano y salvo en la embarcación a Bahamas donde fue arrestado para ser interrogado.
Su hija piensa que en los días siguientes Hughes se enteró de algunos chismes en Miami que lo señalaban como "el chivato'' o delator de la expedición.
Esos rumores, agregó, podrían haberse convertido en una obsesión de su papá a tal punto que decidió limpiar su nombre con el plan de venganza contra Castro.
Hughes se alió con Floy Leslie Moody, un experto en explosivos de demolición de la Marina de Estados Unidos, que usaba el nombre de guerra de Jay Hunter.
Entre ambos adquirieron tres bombas en un establecimiento de excedentes del ejército y las llenaron de dinamita, explosivo de gelatina, pólvora, tuercas y tornillos. Luego les escribieron sobre sus lomos los nombres de los norteamericanos ejecutados.
La operación fue llamada Trick or Treat.
La idea era bombardear el Palacio Presidencial y la planta de generación de energía eléctrica de La Habana.
En la noche del 31 de octubre, Hughes se robó un avión Beechcraft Bonanza de la Asociación de Vuelo de Fort Pierce y junto con Hunter, enfilaron hacia Cuba. Nunca más se supo de ellos. Una versión recogida por Karen indica que otro avión acompañaba al de su padre.
Huguet le comentó a El Nuevo Herald que durante un interrogatorio del Buró Federal de Investigaciones (FBI), un agente le informó que Hugues había muerto como consecuencia del mal tiempo durante su travesía a Cuba, lo cual provocó que las bombas explotaran dentro del avión.
Según Karen, el FBI, que realizó una extensa investigación del accidente, nunca llegó a esa conclusión. Las bombas, agregó la hija del piloto al citar a un joven que ayudó a los preparativos, no tenían instalado el fusible de detonación. Nunca se halló un solo escombro del avión, explicó Karen.
Desde entonces ella ha escuchado toda clase de versiones en torno al final de su padre. Una de ellas, que la CIA, enterada de la locura de Hughes, derribó el avión; otra, que Hughes cayó preso en República Dominicana y fue intercambiado por prisioneros políticos con Cuba, y finalmente que su padre fue condenado a muerte por el gobierno cubano.
"Si lo hubieran ejecutado nos hubiéramos enterado'', dijo Huguet.
Esta última versión surgió a raíz de la publicación de un manuscrito de Antulio Ramírez Ortiz, un puertoriqueño que secuestró en Miami un avión de National Airlines en mayo de 1961 y lo desvió hacia Cuba.
Ramírez estuvo preso en la sede de los servicios de inteligencia G2 en La Habana donde se le asignó el trabajo de cocinero y limpiador de armas. Allí, dice, logró el acceso a un archivador donde descubrió un documento secreto, según él, una anotación que decía: "Revisé los expedientes más cercanos y vi otro que tenía un apellido Hodge o Hughes, no recuerdo. Decía: "Fue un error fusilar a este floridano. No había nada contra él como se comprobó luego. ¿De quién fue la idea? ¿De Aquiles? Habría que discutir esto en una reunión''.
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