Ingrid Betacourt, de Monalisa a vibora
Por GERARDO REYES
El Nuevo Herald
Vendrán los libros de ella y Clara Rojas a explicar, desde su perspectiva femenina, qué ocurría en ese campo de batalla, si es que se atreven, pues ambas han declarado que todas esas historias son de la selva y allá se quedarán.
Lo interesante de Out of Captivity es que los tres contratistas, pese a haber aterrizado de regreso en la normalidad, dejaron aparentemente intactas en su testimonio a tres voces, algunas de las mezquindades, las angustias, las intrigas y los gestos de solidaridad y amor de un grupo de sobrevivientes en la espesura de la selva.
Varias de sus observaciones están distorsionadas por una actitud de superioridad y en ciertos pasajes no ocultan sus intenciones de demostrar que se mantuvieron ajenos a las intrigas, los chismes y las jugadas politiqueras del cautiverio como si esa fuera una enfermedad exclusivamente tropical.
En cuanto a la descripción de la guerrilla y sus costumbres, algunos pasajes del libro parecen sacados de la obra de Joseph Conrad, El Corazón de la Tinieblas, que inspiró la película Apocalipsis Now (1979), de Francis Ford Coppola.
Los lectores de Out of Captivity no podrán olvidar la escena del jefe guerrillero que para desplegar su autoridad en momentos en el que no sabía qué decisiones tomar, acudía a sus grandes habilidades de cazador.
Un día, desesperado por el acoso de su propia incompetencia en la conducción del grupo de secuestrados por la selva, tomó su arma y le disparó a una manada de micos, de los cuales uno cayó herido. El guerrillero empezó a descuartizar con su cuchillo al animal aún vivo, y cada extremidad que cortaba la iba colgando a los morrales de las guerrilleras.
Desde el primer encuentro, la relación de los americanos con Betancourt fue conflictiva. La ex candidata presidencial no estaba muy a gusto con la llegada de los nuevos inquilinos del campamento porque no había espacio suficiente, y así se lo dijo a alias Martín Sombra, el jefe guerrillero del campamento.
"Póngalos en alguna parte más’’, le habría dicho Betancourt a Sombra, según el relato de Gonsalves.
Lo que más impresiono a Gonsalves es que "ella no estaba haciendo una solicitud sino dando una orden’’ a Sombra.
Según los autores del libro, en esa época Betancourt y el ex senador Luis Lucho Eladio Pérez mantenían una relación romántica, que Pérez les participó pasándole las manos por la cintura a la candidata presidencial en el primer día del encuentro.
Ese acto de marcación de territorio fue un poco más allá cuando en la noche, el ex senador lanzó un sermón no provocado a todos los secuestrados, pero con la intención de que los gringos recién llegados lo escucharan, en el que advertía que en ese campamento no había prostitutas, según Stansell.
"Aquí no hay putas’’, dijo Pérez.
"Yo ya había visto suficiente a Lucho caminando alrededor marcando su territorio para que supiéramos que él era quien protegía realmente a Ingrid’’, escribió Stansell. ‘‘El hombre estaba inseguro sobre su estabilidad en la manada, nosotros llegamos de afuera, y él necesitaba defender su territorio’’.
Ese mismo día, solucionado el problema del alojamiento, Betancourt sorprendió a los recién llegados presentándose ante ellos, como si nada hubiera ocurrido, para invitarlos a una fiesta de bienvenida.
Según se desprende de la lectura del libro estos cambios radicales que mostró desde el primer día, serían una constante a lo largo de su convivencia con ella. Del egoísmo a la solidaridad, de la hosquedad a la ternura.
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