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Reportaje investigativo

Asesinato de joven colombiano ilustra la tragedia de los "falsos positivos''

greyes@herald.com

Guarnizo respondió que se habían tomado una cerveza en Granadelis, otra heladería cercana a La Campiña, pero que él tuvo que irse porque tenía que cobrar un dinero.

De inmediato, el hombre comentó en tono burlón, según ella, sobre la ropa de marca que llevaba su hijo. Benavides recordó que le rogó que le dijera qué había pasado, y él, de nuevo, con una actitud desdeñosa le respondió: "Ahí acaban de matar a cuatro, vaya y mire si de pronto es el chino [muchacho]’’.

"Entonces yo me puse a llorar’’, relató Benavides. "Le dije: ‘¿Usted por qué me dice eso?' Y entonces agachó la cara y se puso pálido’’.

Un soldado que custodiaba la escena del crimen, le informó a Benavides que los muertos no eran de Granada.

El Nuevo Herald intentó comunicarse con Guarnizo para conocer su versión de lo que ocurrió esa tarde, pero fue imposible obtener su número de teléfono.

El lunes, después de una intensa búsqueda y de preguntar también en el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), Viviana se presentó en la fiscalía con una foto de su hermano.

La funcionaria que la atendía intercambió miradas con otro empleado y discutieron si le mostraban el expediente del supuesto guerrillero que había sido dado de baja el sábado por la noche durante una confrontación con el ejército.

A la distancia, Viviana reconoció las fotografías de su hermano y se desplomó en el piso, llorando sin consuelo.

La funcionaria la sacó del brazo de la oficina.

La cara del terror

Los familiares pidieron desenterrar el cadáver, lo cual lograron después de sortear varios obstáculos burocráticos y pagar unos $100 a un sepulturero del cementerio del pueblo.

El cuerpo del joven estaba completamente abierto, con las vísceras a la vista, relató Viviana, lo que sugirió la hipótesis de que alguien había cortado el vientre en forma chapucera para extraer los proyectiles.

Rodríguez fue enterrado nuevamente. A la salida del funeral, dos hombres se aproximaron a un tío suyo y le advirtieron que si la familia hacía alguna denuncia los mataban a todos, empezando por Viviana.

La familia presentó la demanda contra el Estado, mientras que la investigación de la fiscalía se encuentra estancada, según el abogado de la familia.

Hoy, Benavides trata de superar su dolor cuidando en su casa niños abandonados, como madre sustituta del Instituto de Bienestar Familiar.

Mientras pasa las páginas de un álbum donde guarda una de las postales que recibió de su hijo desde Leticia, recuerda que él le ayudaba a los niños bajo su custodia a hacer las tareas escolares.

"He visto la cara del terror, he sentido el frío punzante del miedo’’, dice la postal. "He llorado, sufrido y esperado. Por lo menos algún día estaré orgulloso de lo que fui, un soldado’’.

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