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Niños refugiados encuentran nuevo hogar en la Florida

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La niña Saray Díaz, de once años, junto a su madre Dayana Rivero; el padre, José Ramón Díaz y el hermanito de 3 meses de nacido, José Angel Díaz.
La niña Saray Díaz, de once años, junto a su madre Dayana Rivero; el padre, José Ramón Díaz y el hermanito de 3 meses de nacido, José Angel Díaz.
Roberto Koltun / El Nuevo Herald

dshoer@elnuevoherald.com

Saray es un ejemplo de las dificultades de la adaptación. Este año, su paso a 5to. grado trae el lastre de problemas de problemas de rendimiento y dificultad en el inglés. El pasado sigue siendo su obstáculo, aunque ya va anotándose algunos logros.

El 20 de junio, durante la celebración del Día Mundial del Refugiado en el Parque Amelia Earhart, en Hialeah, Saray ganó un concurso de afiches del Programa de Familias y Jóvenes Refugiados del Condado de Miami-Dade.

En el cartel se dibujó a sí misma gritando "Papi, papi. Ven, ven'', mientras que agentes de la Seguridad del Estado de Cuba se lo llevaban esposado de su hogar. Un policía aparece intimidando a la niña y a su madre: "No caminen. Les entro a palo''.

Al dibujo lo acompaña un ensayo que dice: "La policía venía a mi casa a arrestar a mi papá sin razón alguna. Yo lloraba cada vez que eso sucedía, pero mi mamá me decía: ‘No te preocupes, tu papá va a estar bien' [...]. "En mi escuela, mi maestra me pegaba porque mi papá y mamá no eran parte de la revolución. La policía me amenazaba, a mí y a mi familia, diciéndonos que nos iba a matar, que no nos dejarían conseguir comida. . ."

Junto a sus padres, José Ramón Díaz y Dayana Rivero, de Santo Domingo, provincia de Villa Clara, Saray se refugió en Miami en el 2006. En la isla, Díaz había sido despedido, tras 11 años de trabajo en los Ferrocarriles de Cuba, según él, porque su hermano, David Díaz Oliver, presidía el grupo opositor Coalición Juvenil Martiana.

El hostigamiento se recrudeció cuando Díaz, siguiendo los pasos de su hermano, presentó la solicitud para emigrar a Estados Unidos.

"En el pueblo nos hacían actos de repudio'', recordó Díaz, de 38 años. "Te gritaban: ‘¡Gusanos, váyanse de aquí! Las calles son del pueblo revolucionario; vendepatrias' ''.

En la escuela pronto empezaron a burlarse de Saray. Los compañeros la empujaban. La maestra la castigaba. Era una situación estresante que terminó por desmotivarla. No quería asistir a clases. Sentía miedo.

"Ella no lo da a entender. Pero se siente solita'', precisa la madre, de 37 años. ‘‘En el aprendizaje ha demorado bastante''.

Gulf Coast Jewish Family Services, cuya sede principal está en Tampa, envía mentores al hogar de los refugiados para ayudarlos en las tareas escolares y en el proceso de asimilación. Si presentan problemas de conducta o son violentos, se les refiere a especialistas de salud mental.

"No queremos que terminan uniéndose a las pandillas'', comentó Michael Bernstein, su presidente.

Durante el verano, la organización auspicia un campamento en Miami Springs. Recientemente, los niños esperaban eufóricos porque iban a comenzar el juego de la silla. Estaban divididos en dos equipos, y los que se quedaran sin asiento al terminar la música, debían escribir en la pizarra el nombre de uno de los 50 estados de su nuevo país.

"South Carolina'', dictó la asistente. "Sauf Kerlain'', escribió un niño de 8 años. Los compañeros miraban curiosos entre risas.

"North Carolina'', le dictó la asistente a una pequeña de 9 años.

"Nosth Colana'', escribió ésta dubitativa.

Después de varios intentos, lograron escribir los nombres correctos con ayuda de los tutores.

"En muchos casos, estos niños han sido separados de su familia o no han visto a uno de sus padres por muchos años'', observó Suzy Cop, directora ejecutiva del International Rescue Committee en Miami, que no está afiliado con el FDCF. "Estos programas son específicos para ayudarlos a superar ese tipo de trauma''.

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