Monseñor Román: 50 años de completa dedicación
Por VIVIANA MUÑOZ
vmuñoz@elnuevoherald.com
"Fue la primera misa que se celebraba en español en esta arquidiócesis'', recordó Román. "Se esperaba a unas 1,000 o 2,000 personas y llegaron 30,000 [. . .] Ese acto abrió la hispanidad en Miami. El arzobispo Coleman F. Carroll quedó asombrado y pidió construir un santuario para la virgen''.
La vocación de Román encontró un destino. Carroll le pidió que sirviera como director espiritual del santuario.
"Me asustó la idea'', recordó. "Pero me dispuse a trabajar en el proyecto''.
Rogelio Zelada, director de la Oficina de Ministerios Laicos de la Arquidiócesis de Miami, ve un signo providencial en el papel jugado por Román.
"Creo que monseñor Román ha sido el líder más fiel del exilio que nos regaló Dios. Cuando los sacerdotes fueron expulsados de Cuba, nadie pudo imaginar que ese acto tan terrible trajera consuelo para todos los exiliados'', observó Zelada. "Román ha sido una luz para alimentar nuestro amor a la Patria, como también una guía firme para mantener los valores más puros de nuestra identidad''.
La primera parte del santuario se construyó en 1973, en terrenos donados por Carroll. Las obras concluyeron en el 2000. Más de medio millón de personas pasan cada año por su puerta. Además de un lugar de culto, la Ermita de la Caridad es un polo de la cultura cubana. Bajo su bóveda se ofician misas en memoria de aquellos que han sido tragados por el mar en su truncado viaje en busca de libertad y contraen matrimonio los nietos de los primeros exiliados.
Román, que también sirvió durante los seis primeros años en Miami como capellán del Hospital Mercy atendiendo a los enfermos en una pequeña capilla en los actuales terrenos del salón Félix Varela, recordó el fervor religioso de la comunidad y su contribución para levantar el santuario.
"Desde el principio comenzaron a peregrinar grupos de los 126 municipios de Cuba. Carecían de todo pero les sobraba la fe y la devoción a la Virgen de la Caridad'', destacó. "Venían con saquitos de centavos, que es lo que tenían, con la ilusión de que un día la virgen tuviera su casa en este exilio. Y construyeron la casa de la virgen antes que sus propias casas''.
Nombrado obispo auxiliar de Miami en 1979, la voz de Román ha sido un faro que irradia solidaridad, reconciliación y esperanza, tanto en medio de las labores de recuperación y ayuda por un desastre natural en Miami o en cualquier país latinoamericano, como en las grandes crisis sociales y políticas de los exiliados.
"Monseñor Román es un hombre de una espiritualidad extraordinaria, un siervo de Dios y una gran guía en nuestro exilio'', afirmó José Jesús Basulto, presidente de Hermanos al Rescate.
Su mediación durante los motines de los presos del Mariel contribuyó decisivamente a evitar un baño de sangre. En 1987, miles de refugiados llegados por el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso en 1980, guardaban prisión en cárceles de Atlanta, Georgia y Louisiana. Muchos de ellos habían cumplido sus sentencias. La rebelión puso en jaque al sistema carcelario estadounidense, así como a las autoridades de inmigración y el Departamento de Justicia. Se temía por la vida de los rehenes tomados por los amotinados y ya estaban listas las fuerzas para un ataque coordinado de las autoridades, cuyas consecuencias eran imprevisibles. A última hora, bajo las garantías de Román y otros líderes del exilio, los presos aceptaron una negociación.
"Fue el instrumento que logró el fin del motín carcelario más grande en la historia de Estados Unidos'', declaró Rafael Peñalver, presidente del Instituto San Carlos. "Logró que los presos depusieran las armas y soltaran a los rehenes porque Román ya había alzado su voz pidiendo el derecho de libertad para ellos. Como resultado de su gestión se logró establecer un proceso legal para examinar caso por caso y más de 7,000 detenidos obtuvieron su libertad'.
Jubilado desde los 73 años, Román sigue oficiando misas y derramando su amorosa prédica en la Ermita de la Caridad. En una declaración reciente, el arzobispo de la Arquidiócesis de Miami, John C. Favalora, destacó su obra pastoral y agradeció de manera especial su dedicación a las necesidades de "las innumerables miles de personas que han venido a la Ermita para recibir consuelo en su exilio y para educarse y alimentar su fe''.
"Monseñor ha sido un verdadero apóstol para tantos que han buscado en la Ermita un lugar de consuelo'', añadió Favalora.
Más allá de los homenajes, Román insistió en que el mayor regalo que pudiera hacérsele es ver que cada familia se reúne una noche de cada semana en torno a la mesa.
"Por dos horas, para rezar el rosario, para cenar y divertirse'', pidió. "Sin teléfonos, ni televisión, ni radio''.
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