• Salir
  • Centro de Membresía

El lucrativo mundo de la lucha atrae a muchos


LA CAMPEONA de lucha, Jillian Ferguson (der.), aplica una técnica a su contrincante durante un 
campeonato en Pompano Beach.
LA CAMPEONA de lucha, Jillian Ferguson (der.), aplica una técnica a su contrincante durante un campeonato en Pompano Beach.
ANDREW ULOZA / The Miami Herald

rsamuels@MiamiHerald.com

Cuando La Tentadora subió al ring se inclinó ante los asistentes. La concurrencia, hombres en su mayoría, rugió.

El guión se desarrolló sin complicaciones. La Tentadora fue aporreada, para consternación del público. Un hombre en camisa hawaiana y el rostro enrojecido de entusiasmo, la alentaba: ‘‘¡Túmbala, acaba de tumbarla!'' Abrazó a un extraño sentado a su lado cuando La Tentadora hizo exactamente eso y se llevó el triunfo.

El único incidente de la noche ocurrió cuando uno de los estudiantes se pasó de rosca y empujó con demasiada fuerza a un árbitro, algo no planeado. Más tarde hablaron con él.

"Cuando uno planea darle una sacudida a un árbitro, no tiene nada de particular'', dijo Dave Johnson, responsable de poner de acuerdo a los luchadores y determinar los resultados "No vuelvas a hacerlo sin autorización'', le dijo.

La actuación más pulida de la noche fue la de Pablo Márquez, que en la WWE hizo el papel de Babu, el sirviente de un altivo luchador indio nombrado Tigre Ali Singh.

Al cabo de unos meses fue liberado por los promotores y se estableció en Fort Lauderdale con su esposa y dos hijos. Trabajó en el departamento de correspondencia de un prominente bufete y hace dos meses lo despidieron.

Ahora lucha regularmente con su propio nombre.

"Lo que he aprendido en este negocio es que no todo lo que brilla es oro'', dijo Márquez.

El combate favorito del público fue una pelea entre dos de los luchadores más corpulentos, dos moles de 250 libras de músculo. El agresor, Sean Allen, estranguló a su rival Mijail Ivanov, le lanzó sillas, le aporreó la cabeza contra una puerta, todo ante el delirio del público.

La Tentadora salió del vestuario para ver por qué gritaba el público.

"¡Vaya!'', exclamó. "Algún día quisiera tener un combate así''.

¡Sea la primera persona en comentar sobre este artículo. Haga clic en la barra de 'Agregar Comentario'.


El Nuevo Herald se complace en ofrecerle a sus lectores la oportunidad de compartir experiencias e intercambiar observaciones sobre lo que publicamos diariamente en nuestra edición digital.

Los instamos a participar en nuestros debates de manera abierta y franca, pero sin hacer juicios hirientes o fuera de orden. Nos reservamos el derecho a eliminar las opiniones que no cumplan estas normas. Algunos de las comentarios que usted hace pueden ser reproducidos en el diario impreso o en otras páginas de nuestro sitio.

Muchas gracias por compartir sus puntos de vista.

Para hacer comentarios debe registrarse en elNuevoHerald.com la primera vez. Lo que escriba estará debidamente identificado con su nombre de usuario. ¿Todavía no se ha registrado? Clic aquí -- para hacerlo ahora mismo.

  • Videos