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La guerrilla de Fidel Castro tenía un presupuesto de lujo


El académico cubanoamericano José Alvarez es el autor de <i>Principio y fin del mito fidelista</i> (2008).
El académico cubanoamericano José Alvarez es el autor de Principio y fin del mito fidelista (2008).
HECTOR GABINO / EL NUEVO HERALD

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El Nuevo Herald

"Aunque el propio Fidel Castro reconoció en 1958 haber recibido ayuda financiera en efectivo tanto de los cubanos pudientes como de los pobres, es obvio que el dinero que se manejaba para mantener las columnas en cuatro frentes orientales y otros tres en el resto de la isla tenía que venir de otras fuentes'', expresó Alvarez, quien actualmente vive retirado en la ciudad de Wellington, Florida.

En su pesquisa financiera, Alvarez desglosa los ingresos provenientes de emisiones de bonos para la recaudación popular, las cuotas de militantes del M-26-7, el aporte de los comités del exilio, las colectas especiales y los impuestos que los rebeldes establecieron para gravar a los dueños de grandes empresas y tierras.

"Existió orden y desorden en la administración de las finanzas'', manifestó Alvarez. "Mientras los principales organizadores del M-26-7 ponían especial cuidado en documentar ingresos y egresos, Fidel Castro tenía gran- des sumas bajo su control y las administraba a su antojo''.

El autor relata que desde los orígenes del M-26-7, Frank País -- líder de la resistencia en el llano asesinado en 1957 -- estableció una rigurosa disciplina de contabilidad para justificar cada centavo que entraba o salía de las arcas de la organización. Se conservan estados de cuentas de País, Sánchez y otros dirigentes dentro de la isla o en el exilio, confeccionados en diferentes tipos de papel, mecanuscritos o de puño y letra, y con varios formatos.

Alvarez reconoce que Castro era famoso en la guerilla por el orden que tenía en el inventario del material de guerra, pero su comportamiento en cuanto a las finanzas era totalmente opuesto. "El principal ingrediente del desorden financiero era su desdén por la fiscalización'', observó el profesor. ‘‘Creo que ese hábito lo mantuvo durante todo el tiempo para ejercer el poder absoluto, sin sentirse en la necesi- dad de rendirle cuentas a nadie, ya se tratara de la caja chica de Celia Sánchez o de las posteriores reservas del Comandante en Jefe''.

La reserva especial del Comandante en Jefe fue creada en los años 70 como una fuente estratégica de recursos materiales, administrada a voluntad de Castro a través de su equipo de apoyo. Las reservas fueron establecidas como organismo de la administración central de Estado en el 2005, pero el pasado mayo el gobernante Raúl Castro decidió subordinarlas al Ministerio de las Fuerzas Armadas por razones de seguridad nacional.

El autor refuerza su tesis con una referencia a las postrimerías de la lucha guerillera, cuando desesperado por acelerar la victoria de los rebeldes, Castro le envía una carta al Comandante Juan Almeida en la que muestra suficiente solvencia financiera.

"Si es preciso puedes llegar a pagar hasta 1 peso por cada bala 30.06 o M-1. Es un precio tentador y a nosotros el dinero nos puede sobrar, no debe importarnos gastar medio millón de pesos en medio millón de balas. Lo que no podemos es quedarnos sin balas de ninguna manera'', escribó Castro en la misiva, fechada el 8 de octubre de 1958.

Un acápite del capítulo dedicado a las finanzas del M-26-7 se concentra en pormenorizar el sistema de impuestos aplicado por el movimiento al final de la ofensiva rebelde. En un comunicado oficial emitido el 19 de agosto de 1958, Castro comisionó a Pastorita Núñez, su antigua compañera del Partido Ortodoxo, para integrar una comisión que visitaría los centrales azucareros de la zona oriental para imponerles una cuota de contribución, a la manera que lo hizo el ejército mambí durante las contiendas independentistas.

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