RAFAEL ROJAS: Lo que la revolución era
By RAFAEL ROJAS
Sin embargo, como ahora sabemos, Castro no dejó de hacer política durante ese mes y medio. De hecho, no sólo inauguró un nuevo tipo de política, plebiscitaria y carismática, por medio de constantes intervenciones públicas (ante la tumba de Chibás, desde Caracas, en el Club de Rotarios, con los empleados de la Shell y de los casinos), sino que continuó el entendimiento con los comunistas, iniciado por él mismo, Raúl y el Che en la Sierra, y mantuvo una permanente comunicación con los ministros del 26 de Julio. Desde esos foros llegó, incluso, a oponerse por la derecha a medidas del gobierno revolucionario, como la suspensión del juego en los casinos.
El papel de Fidel en la renuncia de Miró y en su propio ascenso al primer ministerio fue decisivo. Luis M. Buch cuenta que en una reunión con los ministros del 26 (Hart, Pérez, Camacho, Buch y Oltuski, en casa de este último), Castro propuso que para que él reemplazara a Miró era necesario que se reformara el artículo 154 de la Constitución del 40, concediéndole al primer ministro la potestad ya no de ''representar'', sino de ''dirigir'' la política general del gobierno. Días después, el 13 de febrero de 1959, Miró renunció y Castro, gracias a la reforma constitucional, asumió el control político del país. A partir de entonces, el gobierno revolucionario comenzó a abandonar gradualmente su carácter moderado y provisional.
Pero a pesar de Castro y de las pequeñas minorías radicales (los comunistas, el Che, Raúl) que lo rodeaban, la revolución era entonces lo que decía ser: una nueva democracia. La política económica, encabezada por López Fresquet, Cepero Bonilla, Pazos y Boti, se inscribía en el nacionalismo agrario, liberal o cepalino de la izquierda no comunista, que predominaba en América Latina. La política exterior, dirigida por Roberto Agramonte, buscaba un reajuste de la soberanía frente a Estados Unidos a partir de una agenda nacionalista y democrática. Para la mayoría de los revolucionarios, en 1959, revolución no tenía nada que ver con partido único, economía centralizada, ausencia de libertades o lealtad incondicional a un caudillo.
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