Dos reinas de Cuba

By ORIETTA MADRIGAL
Especial/El Nuevo Herald
Recientemente conocí a un despistado joven tailandés que me preguntó si en Cuba, como en su país, había rey y reina. Me resultó graciosa su ignorancia y le contesté que teníamos a la reina del bolero y a la reina de la salsa, por lo que no podía salir de mi asombro cuando, apenas sin dejarme terminar, dijo con entusiasmo: ``¡Azúcar!''.
Según él había escuchado a ''Azúcar'', así se refirió a Celia Cruz, a través de un amigo japonés que tenía sus grabaciones. Fue después de esta conversación que me percaté de la cantidad de músicos cubanos que han sido conocidos por sus títulos nobiliarios. Desde Paulina Alvarez, la ''Emperatriz del Danzonete'', el ''Rey del Mambo'', ''la Reina del Guaguancó'', hasta llegar a la ''Reina de la Salsa'' y la ``Reina del Bolero''.
En el caso de Celia Cruz y Olga Guillot, los títulos de ''Reina de la Salsa'' y ''Reina del Bolero'' con que se popularizaron internacionalmente se les otorgó después que ambas abandonaran la isla a la llegada de Castro. En la isla se dieron a conocer simplemente como Olga de Cuba y La Guarachera de Cuba, como Celia prefería que la llamaran.
Ambas comenzaron su carrera artística en la década de los cuarenta. Celia alcanzó popularidad a partir de 1947, actuando en cabarets como Tropicana y Montmartre y en programas de radio y TV. En 1950 formó parte del grupo La Sonora Matancera, donde se mantuvo hasta 1965 y con él grabó varios discos y popularizó canciones que la convirtieron en una de las cantantes más escuchadas de la época.
Olga, cuyo estilo personal fue comparado al de Frank Sinatra, cautivó a todos desde su versión al español de <f"ITimesItalic">Stormy Weather en 1945 y ya en la década del 50 sus interpretaciones dieron la vuelta al mundo, conquistando al público de América Latina, Africa y Asia. Cantó en el Olympia de París y compartió escenarios con Edith Piaf en Cannes. Antes de marcharse de Cuba en 1960, para residir en México, recibió un premio especial a la artista con más discos vendidos entre 1954 y 1960.
Aunque resultaría difícil definir cúal de las dos reinas fue más popular en Cuba, además de tratarse de dos géneros tan diferentes, es evidente que Olga fue la artista más internacional antes de la llegada al exilio, aunque indiscutiblemente, ambas están consideradas como las más relevantes intérpretes del cancionero popular cubano de siempre.
El exilio fue una prueba de fuego para las dos. Tenían que enfrentarse a un público nuevo y además confirmar que tenían talento.
En el caso de Celia, su carrera en Estados Unidos, a partir de 1961, tuvo una trayectoria ascendente e ininterrumpida que no cesó hasta apenas unos meses antes de su muerte. Uno de sus últimos discos <f"ITimesItalic">Regalo del alma, grabado en 2003 es prueba de ello.
Su incensante actividad se debió, además de su talento, a saber ajustarse a las nuevas exigencias de la música bailable y aunque estaba en desacuerdo con la definición de ''salsa'', ello no le impidió reinar también en esta nueva tendencia.
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