Entre sus recientes sucesos en la pantalla figuran su actuación en el remake de King Kong, en el papel inmortalizado en 1933 por la fallecida Fay Wray, a la que Watts llegó a conocer personalmente.
''El trabajo de Fay Wray [en la versión original] es extraordinario; me sentí muy nerviosa haciendo un papel que ella había creado'', confiesa Watts. ``Convirtió el rol en un ícono. Vi su película una vez y me inspiró mucho, pero después, claro, traté de desprenderme [de su influencia]''.
Sobre otro ícono, Greta Garbo, que trabajó en una de las primeras versiones de The Painted Veil en 1934, dice que tampoco fue difícil encarnar el personaje que la gran diva sueca interpretara. Pero no se compara: ``Ella sigue siendo Garbo''.
''He hecho tantos remakes que ya estoy acostumbrada a eso'', dice jocosamente. ``La gente me pregunta por qué hago tantos remakes, pero no creo que yo tenga la culpa. Lamentablemente, vivimos en una época en la que las ideas están limitadas y regresamos a lo ya establecido''.
Para Watts, el reto más grande que ha tenido como artista ha sido ``creer en mí misma''.
''Ha sido una larga lucha llena de rechazos durante muchos años'', precisa. ``Si te pones a escuchar a quienes te rechazan, puedes acabar creyendo lo que te dicen, en vez de creer en tí misma. Eso puede ser abrumador y negativo para el espíritu''.
Pero el equilbrio en su vida ha sido su madre, quien la trajo al mundo en Shoreham, Inglaterra, el 28 de septiembre de 1968. Watts considera a su madre su mentora principal, quien le sembró la semilla de la pasión por la libertad expresiva.
''Mi madre nunca me dijo que fuera actriz'', aclara. ``Pero me alimentaba con todo lo relacionado a la creatividad desde muy pequeña, y fue ella la que me abrió los ojos a las artes''.



























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