"Comparado a todos mis pacientes, eres el que mejor está. El resto ha fallecido o está muy mal", le dijo la oncóloga Ana Botero durante una cita reciente.
La pareja extraña la vida social, las cenas con los amigos, las fiestas de cumpleaños y las reuniones en Sunshine Cathedral, una iglesia sin denominación religiosa en Fort Lauderdale.
"Seamos sinceros, somos como dos viejitos retirados. Estamos juntos el día entero. Somos como las Golden Girls", razona Vásquez humorísticamente, aludiendo a la famosa serie televisiva de cuatro solteronas que viven juntas.
Sin embargo, para Mielgo no todo ha sido negativo.
Desde que lo operaron, lo han consolado diariamente tarjetas de salutación o llamadas de colegas de la redacción. Sus amigos en varias iglesias católicas, bautistas y evangelistas del sur de la Florida han elevado oraciones por él. Ambos también han extendido una mano buscando apoyo. A su petición, una amiga escribió una plegaria que colocó entre las grietas del Muro de Los Lamentos en Jerusalén.
Ellos sostienen que, durante la relación, los ha mantenido unidos el amor incondicional y una fraternal amistad, además de costumbres y valores similares, como el respeto mutuo, la lealtad y la vida en familia.
El amor, según la definición de Vázquez, "es una sensación de estar completos. . . un sentido de felicidad".
"El me complementa", dice Vázquez sobre su pareja.
Mielgo, por su lado, subraya que "nosotros nos tenemos confianza al punto de que, si cierro los ojos, sé que lo que necesite de él voy a obtenerlo. Y él sabe que de mi parte es igual".
Para celebrar el Día de los Enamorados el próximo miércoles, piensan ir a un restaurante cercano a Pompano Beach. Cualesquiera que sean las actividades de la jornada, Vázquez planea disfrutarla a todo dar: "Es una fiesta con él que no sé si volveré a tener".
En cuanto a cómo ver lo inevitable, Vázquez confiesa que el episodio será doloroso. Pero su concepción de la muerte no es fatalista.
"Cuando uno muere, su alma descansa en paz. No le tememos a eso. Tenemos fe. Cuando uno nace, se enciende una vela. Durante la vida, uno va acercándose esa vela, y cuando uno llega, la vela se apaga", comparte Vázquez.
"Algunos llegan primero a su destino. Mi alma gemela irá a otra dimensión. De la muerte, lo único que a él le pesa es tener que dejarnos", puntualiza.
"Hemos sido muy afortunados", afirma Mielgo serenamente. "Te lo digo, que estoy totalmente conforme con lo que Dios decida, de veras lo estoy. No quiero irme sin él, eso es lo único, pero . . ."
"O sea que me va a llevar con él", interpola Vásquez valiéndose nuevamente de ese humor que le ha dado vigor para mitigar el dolor. "Sabes lo que digo: me va a agarrar por una pierna para llevarme con él".
Mielgo se acongoja. Sus ojos se humedecen. "No quisiera irme sin él . . . Nunca".



























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