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EL ROMPECABEZAS CUBANO

Una lenta evolución

 

El Nuevo Herald & The Miami Herald

Décadas de angustia y esperanzas frustradas se tornaron en júbilo el verano pasado, en las calles de Miami, ante la noticia de que Fidel Castro había sido operado de emergencia por un padecimiento desconocido y le había entregado el poder a su hermano Raúl.

Ahora, casi un año después, el júbilo de aquel 31 de julio se ha transformado en más dudas, especulaciones, confusión y frustración.

Los cubanos de ambos lados del Estrecho de la Florida se dan cuenta ahora de que lo que pareció un momento de cambio no era más que otra fase de incertidumbre. Nadie sabe si habrá cambios en el gobierno cubano o si éste permanecerá como el baluarte comunista del hemisferio.

Y, sin embargo, algunos cambios, a veces sutiles y contradictorios, tienen lugar, mientras figuras clave en Cuba, Miami, Caracas y Madrid tratan de influir en el futuro de la isla.

En Pekín y Moscú, en las capitales de Europa y América Latina, los funcionarios están luchando por conseguir acuerdos con La Habana, mientras Caracas apuntala la economía de la isla con su petróleo.

En Washington, la enfermedad de Castro ha provocado nuevos debates y divisiones sobre el comercio, los viajes y las trasmisiones prodemocráticas de Estados Unidos hacia Cuba.

En La Habana, Raúl Castro ha ordenado una serie de estudios sobre la economía socialista, con la probable intención de cambiarla. Hasta ahora, sin embargo, no ha hecho nada concreto. Ni lo hará mientras Fidel esté vivo, dicen expertos como Brian Latell, un antiguo analista de la CIA. Así que los cubanos siguen esperando, mientras el gobierno cubano intensifica su propaganda anunciando que una invasión de Estados Unidos a la isla es inminente.

Maité, una escritora retirada de más de 50 años, que vive en La Habana, dijo que los cubanos reaccionaron a la enfermedad de Fidel de tres maneras: ``Algunos estaban en estado de éxtasis, otros mostraban indiferencia y otros lloraban de puro miedo''.

En ninguna parte de Estados Unidos se ha sentido más el impacto de los juegos de poder en Cuba que en el sur de la Florida, una región conformada, en gran medida, por las esperanzas y nerviosismos de los exiliados. La comunidad cubana ha pasado 48 años tratando de desentrañar el enigma cubano.

En los últimos dos meses, una docena de reporteros, fotógrafos y técnicos en proyectos conjuntos del Miami Herald y El Nuevo Herald se han dispersado por toda la región para documentar las señales de la lenta pero continua evolución de Cuba, una historia que hace menos de un año parecía como si pudiera cambiar en un instante.

Para comprender el contradictorio estado de ánimo del sur de la Florida uno tiene que yuxtaponer las frustraciones de los exiliados de más edad con el vivo interés de una generación más joven en el futuro de una isla que nunca han visto. O eliminar muchas capas de incomprensiones con matices raciales que hacen que muchos exiliados se pregunten por qué no se han alzado los que están en la isla, y que algunos en Cuba sientan temor de que vaya a venir una invasión inspirada por los exiliados.

El Miami Herald no divulga los apellidos de las personas entrevistadas en Cuba y los nombres del equipo que reportó desde allí, porque no tenían la visa cubana requerida para que los periodistas puedan trabajar en la isla. El traducto
El Nuevo Herald

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