Nunca es demasiado temprano para rumores relacionados con los premios de la Academia. Este año, la primera figura que ha estado creando el llamado Oscar buzz es la británica Julie Christie con su nueva película, Away From Her, en la que interpreta a una paciente del mal de Alzheimer.
La atención que ha estado recibiendo Christie recientemente podría ser una señal muy importante sobre una posible y bienvenida tendencia en el giro cinematográfico: películas de primera protagonizadas por mujeres maduras que reciben una distribución más amplia en Estados Unidos y Canadá.
El éxito taquillero de The Queen con Helen Mirren y The Devil Wears Prada con Meryl Streep, ambas del 2006, no será pasado por alto. Si bien la cinta de Christie fue realizada antes de que ese trend cobrara verdadera fuerza, el hecho de que haya sido distribuida tras el triunfo de aquéllas protagonizadas por actrices maduras y fuertes sólo puede beneficiarla. Pero es merecido, porque Christie es una actriz con un espectro dramático tan amplio y profundo que cuando interpreta hasta a una ''superficial bohemia en Londres'' su actuación genera tanto peso como cualquier cosa hecha por Mirren o Streep.
Hace más de cuatro décadas que Christie tuvo su primer gran éxito con dos películas: Darling, de John Schlesinger, y Doctor Zhivago, de David Lean, ambas de 1965. Aunque la epopeya romántica basada en la novela del ruso Boris Pasternak es la más recordada hoy por su música y su suntuosa fotografía a color, en términos dramáticos, Darling, filmada en blanco y negro, sigue siendo la más sólida. Por esta última, Christie ganó el Oscar a la Mejor Actriz, interpretando a una chica de Londres que tiene relaciones con un hombre casado (Dirk Bogarde), que luego se involucra con un ejecutivo playboy (Laurence Harvey) hasta que finalmente se casa con un príncipe italiano (José Luis de Villalonga).
Desde mediados de la década de los años 60 hasta finales de la de los 70, Christie disfrutó de una racha de películas excelentes en Gran Bretaña y Estados Unidos: Far From the
Madding Crowd (1967), con Terence Stamp, una vez más bajo la dirección de Schlesinger, aunque esta costosa adaptación de la novela de Thomas Hardy no tuvo el éxito de Darling o Zhivago; McCabe & Mrs. Miller (1971), con Warren Beatty, dirigida por Robert Altman, una de las mejores cintas de esa década, por la que Christie recibió una nominación al Oscar por su encarnación de un prostituta del siglo XIX; y producciones más experimentales como el drama de suspenso Don't Look Now (1973), de Nicolas Roeg, y su famosa escena erótica con Donald Sutherland; y romances más ligeros y taquilleros como Heaven Can Wait (1978), una vez más con Beatty.
En la década de los 80, la brillantez de su estrella comenzó a disminuir aunque no dejaba de trabajar en el cine y, con más frecuencia en el refugio de actores entrando en la madurez: la televisión. En 1983 fue una de las protagonistas de Heat and Dust, del equipo fílmico Merchant Ivory, pero no es una de la mejores películas ni de ella ni de James Ivory o Ismail Merchant. También colaboró con la recordada directora argentina María Luisa Bemberg en el filme Miss Mary (1986), por la que Christie recibió el premio a la Mejor Actriz en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.
Muchos quizás no saben que la británica Christie nació en la India el 14 de abril de 1941. Lo que todos estamos de acuerdo es que a los 66 años sigue en el apogeo de sus poderes artísticos.



























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