La Sociedad Pro Arte Musical presentó muchísimas óperas bajo la dirección de Paul Csonka y otros a finales de los 40 y durante los 50. Ahí se destacaron cantantes cubanos de la talla de Marta Pérez, Iris Burguet, José Le Matt, Humberto Diez, Ana Menéndez, y muchos más, que habrían de hacer carreras internacionales. Csonka dirigió también ópera para la TV.
Otros cantantes cubanos a destacar son Chalía Herrera, Zoraida Morales y Zoila Gálvez, una de las primeras cantantes negras que alcanzó el estrellato operístico en Europa y América.
Hasta 1958, La Habana fue una plaza muy respetada y visitada por las luminarias de la ópera. Desde Caruso hasta Renata Tebaldi, desde Tito Schipa hasta Victoria de los Angeles muchos grandes nombres cosecharon laureles en la capital cubana.
La ópera repercutía en la cultura popular, uno de los más gustados danzones de Antonio María Romeu (1876-1955) está inspirado en <f"ITimesItalic">La flauta mágica, de Mozart, y también hizo uno sobre <f"ITimesItalic">El barbero de Sevilla, de Rossini. Zarzuelas y recitales eran transmitidos por televisión e incluso --más de medio siglo antes del primer <f"ITimesItalic">crossover--, la cantante lírica y popular Rita Montaner (1900-1958), estrenó la ópera <f"ITimesItalic">La médium, de Menotti, en 1955.
En la década del 1960 hubo cierto incremento en la popularidad de la ópera, pues se hicieron puestas de <f"ITimesItalic">La Traviata, <f"ITimesItalic">Fausto y <f"ITimesItalic">Rigoletto con libretos traducidos al español por la compositora María Alvarez Ríos (1919-), las cuales fueron transmitidas por televisión. También bajaron los precios de los teatros. Incluso, en 1959, se había puesto una <f"ITimesItalic">Carmen absolutamente gratis. A partir de esos años, los elencos operísticos de los países socialistas comenzaron a visitar La Habana, pero esto no estimuló la producción nacional, posiblemente por la falta de libertad de expresión.
Lamentablemente, aunque pionera, Cuba, que hace 150 años fuera un hervidero operístico, en las últimas décadas ha visto ir el género en decadencia. Apenas han surgido algunos títulos que no han trascendido sus costas, como <f"ITimesItalic">Ibeyi Añá, de Héctor Angulo (1932-), basada en un cuento de Lydia Cabrera.





























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