Al calor de estos hechos en interacción, se formaron varias generaciones de notables cantantes femeninas. Pero fueron tantas, que haría falta páginas enteras para mencionarlas a todas.
Hay nombres, sin embargo, imprescindibles por diversas razones, y sin orden premeditado alguno van surgiendo los de Rita Montaner, a quien llamaron ''la Unica''; Esther Borja, la Damisela Encantadora de Lecuona; Martha Pérez, la primera cubana que cantó en el teatro Alla Scala de Milán, lo que ninguna otra ha logrado después; Rosita Fornés, la vedette por excelencia...
Igualmente de aquel dorado medio siglo, y entre lo más excelso, son Hortensia Coalla, Rosario García Orellana, Edelmira de Zayas, María de los Angeles Santana, Tomasita Núñez, Caridad Suárez, Carmelina Santana, Luisa María Morales, Zoraida Marrero, Carmelina Rosell, Ana Margarita Martínez Casado, América Crespo, Zoila Gálvez, Alba Marina, Esther Valdés y Sarita Escarpenter. La mayoría de ellas ya no están con nosotros. Muchas emigraron a Estados Unidos y aquí continuaron sus exitosas carreras.
Sería injusto no agregar a esa lista los nombres de tres divas no nacidas en Cuba , pero que se abrazaron a ella hasta el fin de sus vidas: Tina Farelli y María Fantoli, italianas, y Mariana de Gonitch, rusa, grandes pedagogas que formaron a decenas de las cantantes a quienes rendimos ahora merecido homenaje.
Después de l959, bajo otras condiciones, Cuba siguió viendo nacer y desarrollarse cantantes extraordinarias, dentro y fuera de sus estrictas fronteras geográficas. Seguramente un día podremos hacer la gran suma de un siglo entero. Pero aquel pasado tan glorioso quedará de todos modos como algo irrepetible.





























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