Un héroe americano
Hombres humildes pueden tener vidas extraordinarias.
En su niñez, John Wayne probablemente no soñó con ser actor de cine. En la segunda década del siglo XX, tanto el mismo Marion Morison --su nombre de nacimiento-- como la industria cinematográfica estaban en su infancia.
Mientras Charlie Chaplin y los Keystone Cops filmaban sus primeras comedias en las calles vacías bajo las colinas de Hollywood, rodeados de naranjales, Morison, natural de Winterset, Iowa, donde nació el 26 de mayo de 1907, tenía sus ojos en el deporte y, en su adolescencia, en los estudios de Derecho.
En la década de los años 20 logró entrar en la Universidad del Sur de California (USC) con una beca, formando parte del destacado equipo de football. La cercanía del campus con los estudios fílmicos y las empresas de producciones cinematográficas que comenzaron a brotar por todos lados en Los Angeles iba a tener un gran impacto en su destino, algo que el mismo Morison ni siquiera se imaginaba.
Como muchos estudiantes, cuando acababan las clases buscaba trabajo. En los estudios Fox encontró empleo como un asistente menor en cintas que rodaban durante los calurosos veranos. El joven universitario no era un tipo que alardeara o gustara de llamar la atención, pero su estatura de 6 pies 4 pulgadas, un cuerpo atlético y un rostro apuesto eran ingredientes ideales para una industria que al principio simplemente fue una fuente de trabajo temporario. De vez en cuando engachaba un papel de extra en alguna cinta muda, pero su nombre no aparecía en los créditos.
En Fox conoció a un amigo que cambiaría su vida para siempre: el director John Ford, su primer gran mentor y el que lo convertiría en un astro hollywoodense en 1939 con la aventura del oeste Stagecoach.
Esa película no era su debut delante de las cámaras en un papel protagónico, ya que había trabajado en diversas cintas menores que fueron su ''escuela de actuación'', y en epopeyas de alto presupuesto como The Big Trail (1930), dirigida por Raoul Walsh, que resultó un fracaso en la taquilla. Pese a ello, el genial Ford supo reconocer y pulir el talento del joven que, como era la costumbre entre los actores de la época, había cambiado su nombre artistico a John Wayne --presuntamente por sugerencia de Walsh--, dando a luz a una leyenda.
A Wayne se le identifica principalmente con aventuras del oeste, desde cintas desconocidas como Westward Ho y Lawless Range, ambas de 1935, y Overland Stage Raiders (1938), hasta clásicos como The Spoilers (1942), y obras maestras como Red River (1948), She Wore a Yellow Ribbon (1949), The Searchers (1956, que muchos consideran su más sobresaliente actuación), Rio Bravo (1959) y The Man Who Shot Liberty Valance (1962).
Esos y otros filmes de un género que parecía haber sido creado para él lo convirtieron en un ícono del siglo XX. Su look, su voz, y hasta su manera de caminar son ''huellas'' que han marcado el subconsciente colectivo de la sociedad occidental.
Wayne tuvo una de las carreras más diversas del cine, con papeles principales en películas de prácticamente todos los géneros, con la excepción quizás del horror, aunque The Conqueror (1956), en la que interpreta a Genghis Khan, es horrorosa y una de las peores películas de Hollywood de todos los tiempos.



























Mi Yahoo