Joe Cubas estaba vestido de Santa Claus, repartiendo carritos de juguete y ositos de peluche a niños huérfanos y abandonados, cuando vio por primera vez a los dos niños que ahora quiere como si fueran propios.
El varón de 12 años parecía especialmente triste, caminando sin rumbo, con las manos en los bolsillos, recuerda Cubas, ''como un viejito frágil''. Su hermanita estaba a punto de llorar, negándose ruidosamente a acercarse a tomar la muñeca que Santa le ofrecía.
Cubas y su esposa, María, no tenían idea en esa fiesta navideña del 2005 que los dos niños terminarían viviendo su casa de Coral Gables.
Pero tampoco se imaginaron que terminarían involucrados en una batalla internacional por la custodia de los menores, en la que el padre de la niña hace lo posible por llevársela de regreso a la isla y los Cubas se muestran igualmente decididos a que se quede con ellos.
'La primera vez que me llamó `mami' me rompió el corazón'', dice María Cubas, y agrega que al principio tenía la esperanza de que la niña se reuniera al menos con uno de sus padres. ``No queríamos encariñarnos con esta niña''.
Pero se encariñaron, afirma la pareja.
Los Cubas ya habían adoptado a su hermano mayor --un medio hermano, de padre diferente-- y sostienen que sería cruel separarlos.
Joe y María Cubas, que no fueron llamados a declarar durante al prolongado juicio, hablaron con The Miami Herald en su casa de Coral Gables esta semana.
Mientras la contenciosa disputa sigue su camino en los tribunales, los Cubas dicen que batallan por mantener algún nivel de normalidad en su hogar. Tienen una hija en la universidad, otra en secundaria y los dos niños cubanos: el varón tiene ahora 13 años y la niña cinco, una pequeña de cabello rizado a la que le encantan los cuentos de hadas de Disney y que insistió en una fiesta de cumpleaños con Blancanieves este mes.
El varón practica béisbol, la niña ballet. Hacen la tarea después de la escuela y se divierten en la piscina de la casa.
Pero también hay noches largas interrumpidas por las pesadillas. La niña llora dormida y rechina los dientes tan alto que María Cubas la puede escuchar si se para junto a la puerta de su habitación.
También el varón sufre momentos de gran ansiedad, porque se considera el protector de su hermana y oscila entre la furia y la negación sobre la posibilidad de que a final de cuentas tenga que marcharse de su hogar adoptivo.
Se espera que Jeri B. Cohen, jueza de circuito de Miami-Dade, decida esta semana si el padre de la niña, Rafael Izquierdo, es un buen padre. Y se espera que un segundo capítulo del drama --si la niña debe quedarse en casa de los Cubas-- comience en las próximas semanas.
Joe y María Cubas reconocen que inicialmente tuvieron reservas sobre hacerse cargo de la niña y afirman que tenían la esperanza de que alguien más lo hiciera.
''Tenía mucho miedo por lo de [el caso] Elián. Tenía a mis hijas viviendo en casa'', dice María Cubas sobre la polarizante saga de Elián González hace siete años. ``No quería gente protestando frente a mi casa''.



























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