Aunque las sospechas de Lara Bonilla citadas por Cecilia no se conocían, el presidente Uribe se ha defendido alegando que el helicóptero en cuestión fue vendido antes de la operación antinarcóticos en Tranquilandia. Sin embargo, ni el mandatario ni su familia han dado a conocer las escrituras de transferencia del aparato.
Uribe es considerado como el mejor aliado de Washington en la lucha contra el narcotráfico en el hemisferio. El mandatario ha firmado la extradición de más de 500 narcotraficantes a Estados Unidos, entre quienes se encuentra Fabio Ochoa, uno de los cabecillas del Cartel de Medellín
Rodrigo Lara Restrepo, hijo de Lara Bonilla, fue contratado hace un año y medio por Uribe para dirigir la oficina anticorrupción de la Presidencia de la República.
Lara Restrepo explicó a El Nuevo Herald que ni él ni sus hermanos habían estudiado el expediente de la muerte de su padre.
''Ahora que conozco esos documentos creo que el tema es delicado, y sobre eso me voy a pronunciar en los próximos días'', afirmó Lara Restrepo a El Nuevo Herald.
La mención del helicóptero en el proceso judicial por el homicidio de Lara Bonilla originó una investigación del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), el cual estableció que, en efecto, el padre del presidente era socio de la firma propietaria de la aeronave, Aerofoto Amórtegui y Cía. Ltda.
Sin embargo, en un documento firmado por Jaime Alberto Uribe Vélez, otro hijo de Uribe Sierra, se afirma que la empresa vendió el aparato a un tercero,
lo cual ocurrió un mes antes de la operación de Tranquilandia. En los archivos del expediente de Lara Bonilla
y en el registro del historial de la aeronave no existen escrituras formales de esa transacción.
Uribe Sierra era un ganadero y criador de caballos del departamento de Antioquia que tenía relaciones personales con criadores de caballos, entre ellos los miembros de la familia Ochoa, fundadores del Cartel de Medellín. Fue asesinado el 14 de junio de 1983. Su hijo, el presidente Uribe, ha sostenido que el asesinato fue cometido por el Quinto Frente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) al resistir un intento de secuestro.
El 10 de marzo de 1984, la policía colombiana, con el apoyo de la Agencia de Lucha contra las Drogas (DEA), tomó por asalto un complejo de 19 laboratorios de cocaína en el departamento de Caquetá, al sur de Colombia.
La operación, que culminó con la destrucción de cocaína por un valor en el mercado de $1,200 millones, se logró gracias a que agentes de la DEA instalaron transmisores satelitales en varios tanques de éter que fueron comprados por Francisco Javier Torres Sierra, un enlace del Cartel de Medellín, en un expendio mayorista en Phillipsburg, New Jersey. El éter es un precursor químico fundamental para el procesamiento de la pasta de coca.
Durante varios días la DEA siguió las señales de los dispositivos hasta que el cargamento de químicos fue ubicado en un área selvática en inmediaciones del río Yarí, al sur del país.
El complejo de Tranquilandia, controlado por los Ochoa, Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, líderes del Cartel de Medellín, contaba con ocho pistas de aterrizaje donde fueron halladas varias aeronaves. Una de ellas era un helicóptero marca Hugues, modelo 369D, con matrícula HK 2704E, construido en 1980 y con capacidad para cinco pasajeros.



























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