cambuche puede ser un pedazo de plástico o palmas. Algunos secuestrados prefieren la hamaca para dormir, otros lo hacen en el piso, sobre frazadas y hojas.
Las hamacas, que generalmente están hechas de sacos de fique, son inestables y
casi todos los secuestrados tienen en su memoria el recuerdo de la caída de una de ellas en medio de la noche, lo que produce una contagiosa burla de sus compañeros de cautiverio.
En temporadas de lluvia, el cambuche se cubre también alrededor con ramas o plástico para evitar que salpique el barro adentro de la tienda.
Los militares y policías secuestrados son recluidos en socavones estrechos rodeados de alambre de púas, en cuyo interior los dormitorios miden menos de dos metros de altura. Los militares deben dormir encadenados en parejas, unos en hamacas y otros en el piso.
Cuando se trata de rehenes estacionarios, los guerrilleros prefieren otro método igual de cruel
''Nunca me ataron, así que decidí mantener una rutina para aliviar las presiones'', recordó el joven empresario Tomás Bernardo Sinisterra. ``Plantaron minas alrededor mío y el jefe era el único que podía desactivarlas. No era solamente para que no pudiera huir sino para su propia protección, en caso de que el Ejército los emboscara''.
El morral
Los secuestrados llevan en sus morrales un par de mudas de ropa, una frazada, el plástico para cubrir el cambuche, toldillos para los zancudos, posiblemente un radio de pilas e implementos de aseo. El jabón es quizás el más preciado de estos elementos, no sólo porque escasea sino porque se pierde con mucha facilidad durante el baño en las quebradas. Los secuestrados veteranos recomiendan abrir un hueco al jabón para que flote o tajar pedazos para llevar al río y que así la pérdida no sea total.
Discusiones
Las cosas más insignificantes en la vida libre adquieren una gran importancia en cautiverio y por ello se convierten, con una gran facilidad, en motivo de discusiones e incluso de peleas físicas entre los secuestrados o de estos con sus captores.
Al mes y siete díás de estar secuestrado, Hargrove describió en su diario el fuerte reclamo que le hizo a una de las guerrilleras llamada Melena, porque ella y su compañera Leidi le robaron una cuchilla de afeitar. En venganza, Hargrove se negó a prestarles un espejo. El episodio se repitió con el diccionario inglés-español que los guerrilleros se peleaban para tratar de aprender el idioma del secuestrado y con una taza de café que una de las mujeres le robó a Hargrove, quien a su vez se la había robado a un campesino.
Un secuestrado sedentario explicó a sus familiares al ser liberado que el día en que le redujeron en 10 metros el área de 50 metros que estaba autorizado para caminar frente a su bohío, pidió a sus captores que lo mataran.
Castigos y vejámenes
Los secuestrados son castigados con encadenamiento, aislamientos y prohibición de comunicarse. Glen Heggstad, un motociclista estadounidense secuestrado en el 2000 por el Ejército de Liberación Nacional (ELN), relató en sus memorias (En dos ruedas hacia el terror) cómo fue forzado a ponerse de pie frente a una fosa que le obligaron a cavar en el medio de la selva, de espaldas al grupo de guerrilleros que lo cuidaba, y en un momento escuchó una ráfaga de ametralladora. Pensó que estaba muerto, pero se dio cuenta de que había sido una broma siniestra al sentir su orines en los pantalones.
Entrenimiento
El deporte más practicado por los guerrilleros y sus víctimas es el microfútbol. Pinchao relata en sus memorias que en uno de los campamentos jugaban pin-pong con bolas de los desodorantes roll-on en mesas improvisadas; también se juega parqués, ajedrez y naipes. En fines de año se organizan fiestas en las que los
secuestrados bailan con
los guerrilleros. Los sábados y domingos por la noche,
a los secuestrados se les
permite escuchar dos programas de radio en los que se transmiten mensajes de sus familiares.
Varios secuestrados han dicho que si no fuera por esos mensajes, habrían perdido todas las ganas de vivir. Se trata de los programas Las Voces del Secuestro y La Carrilera, de los periodistas Héctor Hoyos y Nelson Moreno, respectivamente. A algunos secuestrados se les permite impartir clases de su especialidad a los demás, en las cuales también participan los guerrilleros. En algunos casos reciben libros de literatura universal y latinoamericana y revistas viejas.
Pinchao recuerda que en su campamento se organizaban campeonatos de microfútbol, voleibol, ajedrez, parqués y cartas, a manera de unas olimpiadas. Los premios eran galletas, gaseosas y enlatados.
Relajación navideña
''El 24 [de diciembre] nos invitaron a bailar. Fuimos y bailamos con las guerrilleras y los guerrilleros nos dieron una lata de cerveza. El 31 se repitió la rumba y las guerrilleras se maquillaron y se arreglaron de tal manera que se veían muy bien'', escribió Pinchao.
El actual ministro de relaciones exteriores, Fernando Araújo, quien estuvo siete años secuestrado por las FARC, recuerda que los guerrilleros celebraban con
natilla, buñuelos o comían galletas.
''En la segunda navidad del secuestro me regalaron una cajita de galletas y me prestaron un libro, el primero en todo el cautiverio, para que lo leyera'', agregó en una entrevista con la agencia Colprensa. ``Recuerdo que era un libro resumen escrito por los guerrilleros sobre las conversaciones que habían tenido lugar en San Vicente del Caguán durante la época del despeje. Lo leí, me dio mucha dificultad pero lo leí. Encontré que era un libro escrito con rabia, escrito con odio, escrito tergiversando la historia del país''.
Menú fariano
Con ese nombre se conoce la corta lista de alimentos que se les suministran a los secuestrados. El plato más simbólico del menú es ''el empedrado'', arroz revuelto con lentejas. Otros platos son: sopa de pasta con sardinas; pasta con arroz y arroz con frijoles. De tomar generalmente dan agua con un popular edulcorante en Colombia llamado Fresco Royal.
Algunos secuestrados han dicho que han comido mico asado, chigüiro (cerdo salvaje) y culebra. En algunos frentes de las FARC, la situación alimenticia no es muy buena a juzgar por las anotaciones que dejó en su diario Tanja Nimeije, la joven holandesa que se unió al grupo guerrillero.
El diario, que fue confiscado por el ejército colombiano en un campamento de la cordillera Oriental el año pasado, decía:
``Tres comandantes. Ellos van a algún lugar, hacen bromas estúpidas, fuman y no nos dan, compran chips [papas fritas] y gaseosas, y tenemos que excitarnos y contentarnos cuando nos dan chips y soda. Estuve pensando en los compañeros que cargan comestibles al hombro todo el día. Ellos nunca comen chips. Cuando llegamos aquí, mi comandante me dijo que conversara con la otra chica porque él quería algo con ella. Siempre es lo mismo. Quizá no sea gran cosa, no lo sé. Quizá yo sea muy madura para esto y me pregunto por qué me tengo que venir cada vez que me dan gaseosa y chips. Yo, quien como civil tenía todo eso, no estoy aquí para eso''.
Enfermedad y curación
Las enfermedades más comunes que sufren los secuestrados son paludismo, hepatitis y leishmaniasis, una afección parasitaria transmitida por un mosquito que crea una úlcera en la piel y que si no se atiende puede causar daños en el hígado. Continuamente se presentan lesiones en los huesos y articulaciones y problemas musculares.
También son muy frecuentes las infecciones por la incrustación en la piel de insectos como nuches y niguas. Cuenta Pinchao que cuando el gusano encapsulado en la piel saca la cabeza, ``se siente como si lo estuvieran pinchando a uno con una puntilla''.
Uno de los métodos para sacar nuches y niguas es soplar a presión fuertemente el humo de un cigarrillo en la piel, lo que crea una película de nicotina. A continuación, se debe poner el residuo de nicotina sobre el sitio del cuerpo donde está alojado el bicho, que sale desesperado y muestra su cabeza, lo cual permite su extracción.



























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