Perfil del nuevo gobernante

 

Especial para El Nuevo Herald

Largo, muy largo ha sido el camino. Exactamente cincuenta a帽os desde aquel d铆a de febrero de 1958 en que Ra煤l Castro recibiera --de manos de su hermano Fidel, por supuesto-- los primeros atributos de protagonista mayor en la revoluci贸n: la estrella de Comandante del Ej茅rcito Rebelde y el mando de un frente guerrillero.

Seguramente su afici贸n a la c谩bala lo habr谩 llevado a c谩lculos m谩s exactos este domingo 24 de febrero. Como la sorprendente coincidencia de los cinco a帽os, cinco meses y cinco d铆as que sol铆a citar en momentos de recapitulaci贸n revolucionaria para precisar el lapso entre el 26 de julio de 1953 --asalto al Cuartel Moncada--, y el 1o. de enero de 1959, cuando el pa铆s se entreg贸 de muy buen grado, al largo, demasiado largo, dominio de los hermanos Castro.

No fue de manera alguna un movimiento inesperado. La designaci贸n de su hermano menor como sucesor fue anunciada desde el 21 de enero de 1959, en uno de los primeros discursos de Fidel Castro tras la toma del poder, en el que aprovech贸 para describir como "m谩s radical que 茅l'' al joven comandante, mucho menos popular entonces que otras figuras legendarias del elenco revolucionario.

Durante 48 a帽os Ra煤l Castro ha sido el ministro, organizador y jefe de las fuerzas armadas, la m谩s poderosa instituci贸n del pa铆s. El Partido Comunista derivado del poder militar es tambi茅n criatura de su creaci贸n, y en las dos d茅cadas que precedieron el actual desenlace estableci贸 sin atisbo de duda su dominio en sectores clave de la econom铆a y el gobierno. Pese a ello, los rasgos esenciales de su vida y su rol en la consolidaci贸n del castrismo fueron hasta ahora poco conocidos y peor valorados.

Cinco a帽os menor que su hermano Fidel, ambos compartieron en la infancia y adolescencia el inusual mundo rural de la familia Castro Ruz y los largos extra帽amientos en lejanos colegios religiosos adonde los enviara su padre, el terrateniente gallego Angel Castro Arg眉铆z. A diferencia de Fidel, doctorado en Leyes en la Universidad de La Habana, Ra煤l no concluy贸 estudios universitarios. Mientras su hermano se convert铆a en figura conocida en las bandas gangsteriles que dominaron la pol铆tica universitaria a mediados del siglo, Ra煤l escogi贸 una temprana filiaci贸n comunista, que marcar铆a para siempre su definido sello ideol贸gico y que lo llev贸 en 1953 a Austria y pa铆ses de Europa del Este, su primer viaje fuera de la isla. En el largo regreso de Europa a bordo del Andrea Gitti, conoci贸 a Nikolai Leonov, un joven oficial de la KGB que llegar铆a a las m谩s altas posiciones en esa organizaci贸n, en gran parte gracias a esta relaci贸n con uno de los principales protagonistas de la futura revoluci贸n cubana, forjada en "un paquebote destartalado'', seg煤n la descripci贸n del sovi茅tico. Casi seis d茅cadas despu茅s la amistad contin煤a y ex general Leonov, hoy diputado de la Duma rusa, figura a la cabeza de los comunistas rusos que ayudan a preservar el poder de los Castro desde un pa铆s donde cuentan con no pocos aliados presentes en las esferas del nuevo poder.

Poco semanas despu茅s de su viaje a Viena, Ra煤l particip贸 en el fracasado asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Capturado por las fuerzas gubernamentales, fue condenado a diez a帽os de prisi贸n. Los inculpados cumplieron s贸lo 18 meses en la Prisi贸n Modelo de Isla de Pinos, amnistiados por el dictador Fulgencio Batista. Una parte de los asaltantes del Moncada, Ra煤l entre los primeros, viaj贸 a M茅xico y regres贸 a Cuba en 1956 para iniciar la guerra irregular desde las monta帽as de Oriente. Antes de la partida del yate Granma, Ra煤l --quien luego se distinguir铆a por su proclividad a la pena de muerte-- ejecut贸 por orden de su hermano Fidel a un expedicionario sospechoso de traici贸n en favor de Batista.

Una historia que s贸lo sol铆a referir en voz baja, en el c铆rculo m谩s 铆ntimo de sus colaboradores.

En la Sierra Maestra fue ascendido tempranamente al grado de Comandante y nombrado jefe de un frente guerrillero independiente, en el cual se distingui贸, m谩s que por dirigir acciones combativas, por la organizaci贸n administrativa del territorio bajo su control. En Guant谩namo, en junio de 1958, con la captura de un grupo de militares norteamericanos, inaugur贸 la era moderna de los secuestros pol铆ticos. Varios de los hombres de su confianza en aquel mando forman hoy el s贸lido n煤cleo de veteranos raulistas en el gobierno, el partido 煤nico y las fuerzas armadas cubanas.

La derivaci贸n hacia las ideales del comunismo de los revolucionarios que ganaron el poder en 1959 no ser铆a explicable sin la presencia clave entre ellos de Ra煤l Castro. Fue a la vez enlace y protector de los comunistas cubanos ante su hermano y l铆der y uno de los art铆fices de que las banderas del viejo Partido pasaran de manos tras fuertes forcejeos iniciales. Reconocido luego por los dirigentes sovi茅ticos como un hombre clave en las relaciones con Cuba y su l铆der mercurial, protagoniz贸 momentos cruciales de aquella alianza sin par en el "campo socialista''.

Su encuentro en Mosc煤, siguiendo instrucciones de Fidel, con Nikita Jruschev ultim贸 los detalles del acuerdo para la instalaci贸n de cohetes con ojivas nucleares en la isla, que llevar铆a al g茅nero humano al instante m谩s cercano a su probable desaparici贸n en octubre en 1962. Otro l铆der sovi茅tico, Yuri Andropov, le informar铆a en el Kremlin, veinte a帽os despu茅s, que Cuba ser铆a responsable de su propia suerte en caso de una confrontaci贸n con Estados Unidos, una sentencia de muerte para la apasionada relaci贸n entre los desiguales aliados.

Durante los largos a帽os de poder compartido, el menor de los Castro intent贸 sistem谩ticamente contener dentro de c谩nones institucionales el desbordado individualismo del M谩ximo L铆der. Impuls贸, bajo exigencias sovi茅ticas, la llamada institucionalizaci贸n del pa铆s, adoptada en 1975.

Bajo su supervisi贸n directa se inici贸 finalmente, tras 17 a帽os de provisionalidad, una organizaci贸n del Estado y el Partido seg煤n moldes socialistas. Como ministro de las FAR respald贸 activamente la participaci贸n de tropas cubanas en las guerras de Angola y Etiop铆a y fue tambi茅n factor esencial en el regreso a Cuba de esas fuerzas, que llegaron a sumar cerca de 60,000 hombres, solamente en Angola.

En cinco d茅cadas enfrent贸 m煤ltiples contendientes por la preferencia de Fidel, con quien mantuvo una contradictoria relaci贸n de subordinaci贸n total y apoyo imprescindible, nublada por la indiferencia del hermano mayor. Hoy, los compa帽eros de ruta que en alg煤n momento gozaron de la preferencia de Fidel para encabezar sus tareas de choque, como el olvidado Jos茅 Llanusa, o los que asumieron roles que permit铆an catalogarlos de "tercer hombre'' --Osvaldo Dortic贸s, Carlos Rafael Rodr铆guez, Carlos Aldana-- son, hace ya muchos a帽os, cad谩veres reales o pol铆ticos. Ramiro Vald茅s, su rival hist贸rico m谩s evidente llamado de nuevo a filas para subrayar la unidad del cuartel amenazado, no encontr贸 mejor elogio al reconocer p煤blicamente su liderazgo, que llamarlo el "firme cancerbero de la Revoluci贸n''.

Su poder sobre las instituciones militares se hizo absoluto desde 1989, tras el affaire por acusaciones de narcotr谩fico contra el general Arnaldo Ochoa y los gemelos La Guardia que terminar铆a ante un pelot贸n de fusilamiento.

Sus hombres de mayor confianza, integrantes de la poderosa Contra Inteligencia Militar, encabezaron la virtual absorci贸n del Ministerio del Interior, considerado hasta entonces por las Fuerzas Armadas como un peligroso rival potencial. El "Per铆odo Especial en Tiempos de Paz'' --ingeniosa denominaci贸n del lenguaje militar que a帽adi贸 cierta esperanza de supervivencia ante el s煤bito fin del subsidio sovi茅tico-- situ贸 como nunca antes a esas Fuerzas Armadas en el control directo de sectores claves de la econom铆a nacional, que las convierten ahora en elemento esencial de su poder.

Pragm谩tico en temas econ贸micos, adicto a los informes de los servicios secretos y a voluminosos expedientes sobre el resto de los dirigentes, desconfiado como su desaparecido hermano de la cultura y los intelectuales, amante de sus cuatro hijos y ocho nietos, despiadado en las decisiones en que se pone en juego la supervivencia del r茅gimen, nost谩lgico del comunismo sovi茅tico, inexperto en relaciones internacionales, aficionado impenitente al vodka, el domin贸 y el choteo criollo, temido sin excepci贸n entre la clase dirigente, "el ministro'', como se le llam贸 hasta alter muy respetuosamente en esos c铆rculos, no es hombre que pueda describirse de una sola pieza.

Ra煤l Castro ha terminado su larga espera y aprendizaje para ejercer un poder que quiz谩s no ambicion贸 como elemento vital de su existencia, pero al cual no est谩 dispuesto a renunciar. Para preservarlo cuenta con la experiencia de medio siglo en el ojo de la tormenta y la forzada lealtad de una elite unida en torno a su figura por el claro af谩n de conservar lo conquistado. Para contener las tensiones sociales y el ansia de cambios que el desplazamiento de Fidel Castro libera ya en la Isla, dispone, en clara cuenta regresiva, de un arsenal de inaplazables reformas econ贸micas que eliminen, de inicio, los aspectos m谩s alucinantes de la econom铆a cubana, dictados por los caprichos del caudillo saliente. Su paso hacia ellas no puede ser m谩s cauteloso, como lo indica la demostraci贸n de inmovilismo en que se convirti贸 la esperada Asamblea Nacional del Poder Popular que consagr贸 a Jos茅 Ram贸n Machado Ventura como ins贸lito delf铆n de la sucesi贸n.

驴Ata Ra煤l sus propias manos con ese abrazo a la ortodoxia del Partido 煤nico y la promesa de consultar a Fidel hasta su muerte? Sus pr贸ximas movidas dir谩n, mejor que las palabras, hacia intenta dirigirse. Por ahora, al menos, caballo por alfil y jaque al Rey, pero la partida est谩 lejos de concluir.

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El Nuevo Herald

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