Una historia que sólo solía referir en voz baja, en el círculo más íntimo de sus colaboradores.
En la Sierra Maestra fue ascendido tempranamente al grado de Comandante y nombrado jefe de un frente guerrillero independiente, en el cual se distinguió, más que por dirigir acciones combativas, por la organización administrativa del territorio bajo su control. En Guantánamo, en junio de 1958, con la captura de un grupo de militares norteamericanos, inauguró la era moderna de los secuestros políticos. Varios de los hombres de su confianza en aquel mando forman hoy el sólido núcleo de veteranos raulistas en el gobierno, el partido único y las fuerzas armadas cubanas.
La derivación hacia las ideales del comunismo de los revolucionarios que ganaron el poder en 1959 no sería explicable sin la presencia clave entre ellos de Raúl Castro. Fue a la vez enlace y protector de los comunistas cubanos ante su hermano y líder y uno de los artífices de que las banderas del viejo Partido pasaran de manos tras fuertes forcejeos iniciales. Reconocido luego por los dirigentes soviéticos como un hombre clave en las relaciones con Cuba y su líder mercurial, protagonizó momentos cruciales de aquella alianza sin par en el "campo socialista''.
Su encuentro en Moscú, siguiendo instrucciones de Fidel, con Nikita Jruschev ultimó los detalles del acuerdo para la instalación de cohetes con ojivas nucleares en la isla, que llevaría al género humano al instante más cercano a su probable desaparición en octubre en 1962. Otro líder soviético, Yuri Andropov, le informaría en el Kremlin, veinte años después, que Cuba sería responsable de su propia suerte en caso de una confrontación con Estados Unidos, una sentencia de muerte para la apasionada relación entre los desiguales aliados.
Durante los largos años de poder compartido, el menor de los Castro intentó sistemáticamente contener dentro de cánones institucionales el desbordado individualismo del Máximo Líder. Impulsó, bajo exigencias soviéticas, la llamada institucionalización del país, adoptada en 1975.
Bajo su supervisión directa se inició finalmente, tras 17 años de provisionalidad, una organización del Estado y el Partido según moldes socialistas. Como ministro de las FAR respaldó activamente la participación de tropas cubanas en las guerras de Angola y Etiopía y fue también factor esencial en el regreso a Cuba de esas fuerzas, que llegaron a sumar cerca de 60,000 hombres, solamente en Angola.
En cinco décadas enfrentó múltiples contendientes por la preferencia de Fidel, con quien mantuvo una contradictoria relación de subordinación total y apoyo imprescindible, nublada por la indiferencia del hermano mayor. Hoy, los compañeros de ruta que en algún momento gozaron de la preferencia de Fidel para encabezar sus tareas de choque, como el olvidado José Llanusa, o los que asumieron roles que permitían catalogarlos de "tercer hombre'' --Osvaldo Dorticós, Carlos Rafael Rodríguez, Carlos Aldana-- son, hace ya muchos años, cadáveres reales o políticos. Ramiro Valdés, su rival histórico más evidente llamado de nuevo a filas para subrayar la unidad del cuartel amenazado, no encontró mejor elogio al reconocer públicamente su liderazgo, que llamarlo el "firme cancerbero de la Revolución''.
Su poder sobre las instituciones militares se hizo absoluto desde 1989, tras el affaire por acusaciones de narcotráfico contra el general Arnaldo Ochoa y los gemelos La Guardia que terminaría ante un pelotón de fusilamiento.



























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