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Perfil del nuevo gobernante

 

Especial para El Nuevo Herald

Sus hombres de mayor confianza, integrantes de la poderosa Contra Inteligencia Militar, encabezaron la virtual absorción del Ministerio del Interior, considerado hasta entonces por las Fuerzas Armadas como un peligroso rival potencial. El "Período Especial en Tiempos de Paz'' --ingeniosa denominación del lenguaje militar que añadió cierta esperanza de supervivencia ante el súbito fin del subsidio soviético-- situó como nunca antes a esas Fuerzas Armadas en el control directo de sectores claves de la economía nacional, que las convierten ahora en elemento esencial de su poder.

Pragmático en temas económicos, adicto a los informes de los servicios secretos y a voluminosos expedientes sobre el resto de los dirigentes, desconfiado como su desaparecido hermano de la cultura y los intelectuales, amante de sus cuatro hijos y ocho nietos, despiadado en las decisiones en que se pone en juego la supervivencia del régimen, nostálgico del comunismo soviético, inexperto en relaciones internacionales, aficionado impenitente al vodka, el dominó y el choteo criollo, temido sin excepción entre la clase dirigente, "el ministro'', como se le llamó hasta alter muy respetuosamente en esos círculos, no es hombre que pueda describirse de una sola pieza.

Raúl Castro ha terminado su larga espera y aprendizaje para ejercer un poder que quizás no ambicionó como elemento vital de su existencia, pero al cual no está dispuesto a renunciar. Para preservarlo cuenta con la experiencia de medio siglo en el ojo de la tormenta y la forzada lealtad de una elite unida en torno a su figura por el claro afán de conservar lo conquistado. Para contener las tensiones sociales y el ansia de cambios que el desplazamiento de Fidel Castro libera ya en la Isla, dispone, en clara cuenta regresiva, de un arsenal de inaplazables reformas económicas que eliminen, de inicio, los aspectos más alucinantes de la economía cubana, dictados por los caprichos del caudillo saliente. Su paso hacia ellas no puede ser más cauteloso, como lo indica la demostración de inmovilismo en que se convirtió la esperada Asamblea Nacional del Poder Popular que consagró a José Ramón Machado Ventura como insólito delfín de la sucesión.

¿Ata Raúl sus propias manos con ese abrazo a la ortodoxia del Partido único y la promesa de consultar a Fidel hasta su muerte? Sus próximas movidas dirán, mejor que las palabras, hacia intenta dirigirse. Por ahora, al menos, caballo por alfil y jaque al Rey, pero la partida está lejos de concluir.

El Nuevo Herald

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