Pero en julio de 1966, Gardner prácticamente se había dado casi por vencido en sus esfuezos por lograr el retorno de Batista y le confiesa: ``No tengo idea de qué -- o quién -- es tan desacertado que te ha impedido regresar a Estados Unidos, pero puedo asegurarte que haré todo lo que pueda para corregir este asunto''.
No alcanzó a hacerlo. El 12 de abril de 1967, la esposa de Gardner, Susie, le envió un telegrama a Batista en Portugal, informándole de la muerte del ex embajador -- su ''gran admirador y devoto amigo'', como él mismo se calificaba -- esa misma mañana.
En junio de ese año, Batista se ve obligado a salir al paso a los rumores de que estaba gestionando la entrada a Estados Unidos. En declaraciones desde Madrid al diario El Tiempo de Nueva York afirma que en 1962 había pedido visa para entrar a territorio estadounidense, y que su solicitud no había sido respondida. Su esposa e hijos no enfrentaron el mismo impedimento.
''[. . .] No pediré jamás permiso para entrar en los Estados Unidos, a menos que Washington me mande a decir por su propia cuenta que seré bienvenido, contestando aquella carta'', asegura. ``[. . .] quiero evitar que me vejen más y no puedo confiar en funcionarios del Departamento de Estado o de otras agencias que han actuado tan evidentemente en contra mía''.
Pero la correspondencia de 1968 con el empresario y cabildero del Partido Republicano, Carter H. Ogden, demuestra que el ex gobernante no esperó con los brazos cruzados. Ambos se conocieron en Cuba, donde el estadounidense tenía negocios que fueron nacionalizados por el régimen castrista.
Ogden le escribió en agosto pidiéndole dinero para la campaña de Nixon y ofreciéndose para redoblar esfuerzos en aras de su retorno a Estados Unidos.
''Nos gustaría que los cubanos desplazados como grupos recaudaran al menos $10 millones para su campaña'', señaló el empresario en su misiva.
En respuesta, Batista le agradece la gestión para permitir su entrada, pero señala que ``anhelándola, no la deseo si he de pagarla como un favor, pues estimo que la merezco por vía de una cortés y justa atención. Fui siempre, sin ser incondicional, un leal amigo de U.S.A. y un fervoroso admirador de su pueblo''.
En septiembre, Ogden le agradece por haber hecho ya ``contribución a otros que están trabajando para el mismo candidato y espero que callen las bocas porque esto no es momento de hablar las cosas que uno hace''.
El 7 de diciembre, tras consumarse la victoria de Nixon en las elecciones de 1968 y en la última carta del intercambio epistolar, Ogden le agradece a Batista su última contribución a la campaña presidencial.
''Creo que el desafortunado error que ha existido en nuestro Departamento de Estado y no le ha permitido entrar a este país pronto será corregido. Puede que se resuelva incluso antes de que el nuevo gobierno tome posesión'', opinó el empresario.
El Departamento de Estado nunca le extendió la visa a Batista en virtud de la política asumida por Washington de no cobijar a quienes violan el orden democrático. En 1963 había sido extraditado el ex dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez.
Batista falleció el 6 de agosto de 1973 sin haber recibido nunca respuesta a la pregunta que le hizo a Ogden en una carta de 1968: ``¿Cuáles son las razones [. . .] que justifican la mantenida decisión de no permitirme entrar en los Estados Unidos?''



























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