Batista consideraba que la ausencia de la unidad polÃtica dentro del exilio era uno de los obstáculos principales para lograr la democracia en Cuba.
"Ninguna persona o colectividad determinada en el exilio, por fuerte que parezca, tendrá autoridad bastante, polÃtica o moral, para hablar en nombre de Cuba a individuos, entidades, instituciones o gobiernos en el extranjero", pronosticó en un memorando de marzo de 1969.
Desde los primeros años de la década del 60, Batista estaba profundamente escéptico sobre el fin del castrismo.
"No preveo tan cercanos los umbrales de una acción masiva ni la aurora de la soberanÃa reivindicada", le escribió a Márquez Sterling en octubre de 1965. "Creo [. . .] que el drama cubano no parece tener desenlace inmediato [. . .]. Cuba es sólo una ficha en el tablero internacional, sujeta a voluntadas ajenas y a merced de factores imponderables".
En otra misiva ese mes le advierte que "Fidel Castro toma ventajas porque ha conseguido [. . .] que en los Estados Unidos se comente más respecto a la forma de dar entrada a los miles de cubanos que emigran de la tierra propia, que del peligro que constituye para todos los vecinos su permanencia en el poder".
La correspondencia testimonia los numerosos pedidos de ayuda económica que recibÃa frecuentemente de un amplio rango de exiliados. En carta del 22 de septiembre de 1961, el conocido periodista Luis Ortega le agradeció la donación monetaria del ex dictador para la publicación Popular.
"Al cabo de los años he tenido que reconocer que, por aferrarme a criterios exageradamente periodÃsticos, fui en contra de mi simpatÃa y admiración por usted", le escribió entonces Ortega, quien reside actualmente en Miami.
Después de la fallida invasión de BahÃa de Cochinos, Batista recibió más de una decena de cartas de amistades y conocidos en las que le pedÃan entre $50,000 y $100,000 para lograr la liberación de los brigadistas presos. Respondió asegurando que cooperarÃa con dinero si Castro aceptaba la excarcelación de todos los prisioneros de la fallida expedición armada de 1961.
Aunque nunca llegó a desembolsar ese dinero, en otras oportunidades envió donaciones a amigos en vicisitudes, exiliados, familiares de presos polÃticos y organizaciones caritativas. En 1971, la junta directiva de la Brigada 2506 le escribió desde Miami para darle gracias por su "valiosa donación económica", que permitió levantar el Memorial de la Calle Ocho.



























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