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Los contratistas militares: una amenaza de seguridad

 

El Nuevo Herald

Aunque se precian de un gran patriotismo, al momento de vender servicios y equipos, algunas de las empresas no consideran lealtades políticas.

Raytheon, otra de las grandes de la bonanza de la privatización del espionaje que mantiene su puesto como una de las cinco principales empresas proveedoras del Pentágono, ha vendido simultáneamente radares al gobierno del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, enemigo número uno de Washington en la región.

De acuerdo con archivos consultados por El Nuevo Herald, en julio del 2005 Raytheon recibió un contrato de $4.6 millones del gobierno de Venezuela para instalar un radar de vigilancia en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía.

Paradójicamente, al momento de la negociación, el representante de la empresa en Venezuela no tenía visa para ingresar a Estados Unidos por sospechas de lavado de dinero. El Departamento de Estado le revocó el visado a Majed Khalil, un empresario libanés venezolano del consorcio Hardwell Computer Inc., que ganó el contrato.

En una entrevista con El Nuevo Herald a mediados del 2004, Khalil expresó su extrañeza ante la decisión de Estados Unidos destacando la contradicción.

"¿Es esta tendencia de privatización un reconocimiento de que los servicios del gobierno son incompetentes?", preguntó El Nuevo Herald a un ex coronel del ejército de Estados Unidos con experiencia en operaciones de inteligencia en América Latina y quien pidió no ser identificado por cuanto mantiene una relación con servicios secretos.

"Bajo ninguna circunstan cia se puede decir eso, y no estoy de acuerdo en que se privatice la inteligencia porque esas empresas no tienen los mismos procedimientos de comprobación de la inteligencia estratégica que aplican los servicios tradicionales del gobierno'', explicó el ex oficial. "La privatización es algo que se hace más por el dinero, es un derroche de dinero''.

El ex oficial dijo que la reciente operación Jaque del ejército de Colombia, que culminó con la liberación de Betancourt, los tres contratistas, militares y policías, fue posible gracias al apoyo logístico de la CIA y el trabajo previo de inteligencia del Buró Federal de Investigaciones (FBI0.

"Esa operación demuestra que sí se puede con los métodos y entidades tradicionales'', agregó.

Para el contralor de Estados Unidos, Davis Walker, el riesgo es que estas empresas sólo deben fidelidad a sus accionistas.

"Hay algo que tienen los funcionarios públicos y que el sector privado no lo tiene, y es el deber de lealtad al bien común, el deber de lealtad al interés colectivo más que al interés de unos pocos'', señaló Walker. "Las compañías son fieles a sus accionistas, no al país''.

Las descripciones que estos grandes conglomerados hacen en sus portales de Internet sobre su misión en el mundo, podrían pasar como la declaración de principios de un ejército regular: La firma CACI International Inc., cuyo lema es "siempre vigilante'', se autoproclama como "un patrimonio nacional, para la seguridad nacional'', y afirma que la guerra global contra el terrorismo es un conflicto "de gente, armas e ideas que ahora estamos combatiendo más allá de los que combatimos en la Segunda Guerra Mundial''.

Agrega que "las funciones de la inteligencia nacional de Estados Unidos deben de ser ágiles, efectivas y seguras. Deben producir información de pronóstico que sea correcta para quienes toman las decisiones''.

El Nuevo Herald

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