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RAFAEL ROJAS: Las dos traiciones del general Cantillo

 

El primer ataque de las fuerzas conjuntas sería a Santiago de Cuba, programado para el 31 de diciembre, por lo que Cantillo le propuso a Castro una suspensión de operaciones de dos días para viajar a La Habana. Batista recibió a Cantillo en la biblioteca de Kuquine, le reprochó la decisión de entrevistarse con Castro, aunque fuera una orden de su jefe, y le pidió que volviera a Oriente y tratara de impedir la toma de Santiago. El general se comunicó con Castro, le dijo que todo marchaba según lo acordado, pero dilató la coordinación de las fuerzas. De regreso a La Habana, Cantillo informó a Batista que era imposible evitar la ocupación rebelde de Santiago.

Según Castro y la historiografía castrista, Cantillo traicionó a los rebeldes, a pesar de que aquel acuerdo fue el origen de la valiosa colaboración del coronel José M. Rego Rubido --quien llegaría a ser, brevemente, el primer jefe del Estado Mayor del gobierno revolucionario-- en la toma de Santiago. Según Batista y la historiografía batistiana, Cantillo fue también un traidor, a pesar de que tras la renuncia del 31 de diciembre lo dejaron a él como cabeza militar de una junta civilmente presidida por el magistrado Carlos M. Piedra. Fue Cantillo quien liberó a los presos y entregó Columbia a Ramón Barquín, Enrique Borbonet y el líder del 26 de Julio habanero, Aldo Vera.

Cantillo, Rego Rubido y tantos otros oficiales del ejército que se pusieron a las órdenes de los revolucionarios y contribuyeron al triunfo de la revolución fueron borrados de la historia oficial cubana. El nombre de Eulogio Cantillo aparece, en los escritos históricos, casi siempre asociado a la palabra traición: Batista llega a hablar en su libro de ''orden traidora'', ''pacto de la derrota'', ''entrevista culpable''. Pero, en la práctica, lo único que trató de hacer aquel general fue salvar a un ejército políticamente derrotado de una humillación mayor. Fue su destino quedar atrapado entre las lealtades a dos caudillos, el que se iba y el que llegaba.

El Nuevo Herald

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