La saga secreta de los niños de Pedro Pan comenzó un día después de la Navidad de 1960, pues los padres temían que Fidel Castro anulara sus derechos de potestad y enviara a los menores a estudiar y trabajar bajo control del régimen. Entre los judíos, ese miedo despertó espeluznantes recuerdos.
Aunque una notable parte de la comunidad provenía del Medio Oriente, muchos eran sobrevivientes del Holocausto. En ese sentido, los niños Pedro Pan representaban la segunda generación de judíos apartados de sus familias. En Europa, muchos se habían separado de sus propios padres y en algunos casos nunca los volvieron a ver.
"Fue como un déjà vu'', destacó Valery Bazarov, historiador de la Sociedad de Ayuda al Inmigrante Hebreo.
También mantenían fresca en la memoria colectiva la operación de rescate Kindertransport, a través de la cual 10,000 niños judíos fueron removidos de Europa Oriental sin acompañantes adultos entre 1938 y 1940. Bazarov asevera que algunos de ellos terminaron en Cuba.
Una vez que se comenzó a correr la voz sobre el puente aéreo dentro de la comunidad judía, HIAS estuvo lista para intervenir. Desde su fundación en 1881, la organización hebrea ha suministrado servicios de rescate, reunificación y reasentamiento a judíos en crisis en todas partes del mundo.
Un cuidado especial
Es un misterio por qué el éxodo de estos niños durante la Operación Pedro Pan ha recibido tan poca atención fuera del ámbito judío.
Marcos Kerbel, que salió con Pedro Pan y preside el Círculo, lo atribuye a que la comunidad hebrea en Cuba siempre ha mantenido un bajo perfil por temor a represalias.
Lo que sí es seguro, es que la experiencia de los judíos de Pedro Pan fue distinta a la de los demás compatriotas, gracias a la solidaridad de la comunidad hebrea estadounidense.
Mientras que los niños católicos sin familia o amigos en Estados Unidos estuvieron en campamentos provisionales, los judíos fueron ubicados directamente en hogares hebreos adoptivos en el sur de la Florida y otras regiones, bajo la coordinación del Servicio para Familia y Niños Judíos, que los recibía en el Aeropuerto Internacional de Miami.
Cada mes, trabajadores sociales de este servicio los visitaban individualmente para saber cómo se sentían y qué les hacía falta. Los gastos fueron avalados por el Departamento de Salud, Educación y Bienestar Social.
Al arribar al sur de la Florida, las hermanas Brinberg permanecieron en un hogar adoptivo en Westchester. Lilian Brinberg se graduó de la Secundaria Southwest Miami. Sus padres, que en Cuba eran dueños de un pequeño negocio de confección de pantalones para hombres, llegaron a Miami en septiembre de 1962.
Como todo menor apartado involuntariamente de sus progenitores, los pedropanes judíos sufrieron traumas a raíz del éxodo. Según documentos de la Sociedad Hebrea, varios niños mostraron síntomas de disturbios emocionales, por lo que requirieron terapia en un formato grupal especializado.
La adaptación en Estados Unidos exigió un cambio brusco en el estilo de vida.
Un acta de HIAS de 1962, hace constar que "muchos de estos jóvenes no estaban acostumbrados a hacer tareas del hogar o a compartir las responsabilidades''.
"En Cuba yo vivía como un rey, tenía guardaespaldas, no me faltaba nada'', señaló Alberto Bender, que tenía 12 años.
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