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RAFAEL ROJAS: Dos revoluciones en pugna

 

Toda revolución comunista atiza el conflicto de clases desde el poder. Pero, ¿eran esos políticos simples representantes de la burguesía cubana? ¿No habían sido todos ellos partidarios de la reforma agraria, de la erradicación del latifundio y el monocultivo, de la alfabetización, de la recuperación de bienes malversados, del castigo a los criminales, de la ampliación de la seguridad social y de la nacionalización, incluso, de algunas compañías norteamericanas? Si ese era el programa de la burguesía, entonces la vieja historiografía marxista tenía razón: la del Moncada, el Granma y la Sierra fue una revolución burguesa.

Uno de enero de 1959 y 16 de abril de 1961 no son efemérides políticamente asimilables. Durante medio siglo la historia oficial ha intentado resolver la dramática discontinuidad entre el primero y el segundo proyecto nacional. La tesis de que no hubo dos, sino una y la misma revolución, ya no desde 1959 o 1953, ¡sino desde 1868!, se estableció como un mito central de la simbología totalitaria en Cuba. Muchos intelectuales ''socialistas'', como sabemos, contribuyeron y aún contribuyen al afianzamiento de ese mito, a pesar de que sea una burda negación de cualquier modalidad del materialismo histórico. Poco importa la congruencia intelectual cuando se trata de legitimar un orden totalitario.

Pero la historiografía marxista, con el maniqueísmo de clases, tampoco logró explicar plenamente la ruptura de 1961. Con su desinterés por las instituciones y los sujetos políticos, el marxismo fue incapaz de valorar el carácter republicano y democrático de la primera revolución. El comunismo no fue, como argumentó esa historiografía, una demanda popular, de obreros, campesinos o soldados, ni una respuesta al ataque imperialista: fue la decisión inconsulta de un pequeño grupo de nuevos y viejos comunistas. Los viejos, por lo menos, fueron congruentes y nunca negaron la ruptura. Los nuevos, en cambio, provenientes en su mayoría de la tradición populista, camuflaron el comunismo bajo símbolos democráticos.

El Nuevo Herald

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