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Tragedia aérea en Nipe: la pesadilla que el tiempo no acalla

 

El Nuevo Herald

Osiris Martínez dice que en sus pesadillas de la tragedia aún escucha el grito de dolor intenso que dio debajo del agua al golpearse brutalmente contra un objeto que le abrió tres agujeros en la cabeza.

Quizás por el trauma de ese golpe olvidó lo que ocurrió minutos antes cuando el avión de Cubana de Aviación secuestrado en el que viajaba se partió en dos al caer en la Bahía de Nipe en la noche del primero de noviembre de 1958.

Por puro impulso de supervivencia, más no porque supiera nadar, Martínez logró salir a la superficie, y cuando ya su boca estaba libre, despidió un chorro de agua que, cincuenta años después, le parece que fue eterno porque retrasaba su deseos de gritar los nombres de su esposa y sus tres hijos que también iban en el avión.

"Me salía y me salía agua como si fuera una manguera sin parar'', recuerda Martínez sentado en el sofá de su casa del suroeste de Miami donde vive con su tercera esposa.

Finalmente con la garganta libre, sacó alientos de donde no tenía y empezó a llamar como un loco los nombres de su esposa y su tres niños, rogándoles en español, sin reparar que solo hablaban inglés, que le dieran una señal de vida en medio de esa sopa negra de mar oscuro y combustible en la que escasamente flotaba.

Como no podía mantenerse a flote, logró asirse a un objeto que brillaba con el resplandor de las luces del cercano pueblo de Preston, al oriente de Cuba. Era una de las puertas del avión Viscount turbohélice que minutos antes un grupo de secuestradores intentaba aterrizar en un pequeña pista del ingenio azucarero de Preston para llevar de allí a los rebeldes de Fidel Castro armas, municiones y pertrechos comprados en Miami.

En medio de una ordalía demencial de sobrevuelos rasantes por pistas sin iluminación del oriente de Cuba, el avión se quedó sin combustible y se fue a pique en la bahía.

Edmundo Ponce de León, otro de los sobrevivientes y a quien testigos y documentos señalan como uno de los presuntos secuestradores del avión, sostiene que la aeronave cayó en la bahía como consecuencia de una confusión que se creó en la cabina.

Según Ponce de León, el piloto Ruskin Medrano intentó aterrizar en la pista sin iluminación del ingenio azucarero de Preston pero en su descenso descubrió que había sido bloqueada con unos barriles y debió alzar vuelo.

En medio de esa maniobra, la fragata Antonio Maceo, que estaba en la bahía, disparó una ráfaga de balas trazadoras al avión, lo que hizo que el piloto, confundido y nervioso, diera un viraje brusco hacia la bahía donde el Viscount se fue a pique, agregó Ponce de León. Los proyectiles no hicieron impacto en la aeronave, según Ponce de León.

Los demás sobrevivientes han declarado que el avión se precipitó en la bahía por falta de combustible.

Martínez explicó a El Nuevo Herald que uno de los secuestradores que estaba en la cabina se sentó en una asiento cercano a él y ordenó que se ajustaran los cinturones porque el avión se había quedado sin combustible.

Ponce de León sostuvo que el avión tenía combustible de sobra, tanto así que el vuelo se retrasó en la plataforma del aeropuerto de Miami porque el líquido se salió de los tanques y la compañía de seguros no permitía su salida por cuestiones de seguridad. Empleados de Cubana de Aviación en Miami le dijeron a The Miami Herald horas después del accidente que la aeronave tenía suficiente combustible.

El Nuevo Herald

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