Fulgencio Batista coartó las libertades de los cubanos. Bajo el régimen que instauró tras el golpe del 10 de marzo de 1952, muchos cubanos que luchaban por restaurar los principios de la Constitución de 1940 fueron asesinados. Pero eso no lo convierte en el nadir de la historia de Cuba en el siglo XX. Sobre todo, cuando el régimen instaurado después ha sido también responsable de la conculcación de los derechos de los cubanos, de la muerte y el prolongado y atroz encarcelamiento de opositores pacÃficos. También del entronizamiento de un régimen totalitario que Cuba no habÃa conocido jamás, tanto por su duración, como, sobre todo, por su alcance absolutamente masivo.
Identificar una futura Cuba democrática con la imagen del paÃs dividido y asolado por la violencia de estado y la violencia terrorista opuesta a aquella que fue la Cuba de finales de la década de los 50 es una estrategia que ha dado réditos cuantiosos al gobierno de La Habana. Oscurecer el complejo pasado republicano de Cuba dibujando un paisaje de pobreza y corrupción ha generado un vacÃo historiográfico que apenas comienzan a colmar investigadores cubanos en la isla y el exilio, capaces de abordar, por ejemplo, la figura de Fulgencio Batista desprovistos del furor del anatema.
"(S)ólo a la humanidad redimida le cabe por completo en suerte su pasado", escribió Walter Benjamin. Tal vez también la nación cubana deba redimirse del largo perÃodo dictatorial iniciado en 1952 para cobrar conciencia de su historia y anudar su pasado y su porvenir. Porque quién sabe si ClÃo, sensata y caprichosa, no nos contará mañana la crónica de largos años de libertades públicas restringidas y hasta abolidas en Cuba, y los presente como un paréntesis dominado por el megalómano Fidel Castro y cuyos simétricos corchetes sean dos generales: Fulgencio Batista y Raúl Castro.

























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