La embajada esperaba que esas mismas aeronaves fuesen utilizadas para despachar a unos 800 turistas y residentes que esperaban en varios hoteles de La Habana.
En ese punto, Smith propuso una solución del mismo tenor de la que impusieron los rebeldes.
"Se recomienda que el Departamento de Estado prohíba la salida de más cubanos de Estados Unidos hasta que se permita a los estadounidenses salir de Cuba'', escribió en un mensaje al mediodía del 2 de enero.
No está claro si los revolucionarios conocieron esa amenaza. Lo cierto es que cedieron, pero pocas horas después el comandante rebelde Diego revirtió la decisión, sin dar mayores argumentos.
"No tiene idea de las repercusiones internacionales de sus actos'', escribió Smith.
En las calles de La Habana se presentaban tiroteos entre los rebeldes y reductos de la policía de Batista. En esas condiciones, el embajador no encontraba un interlocutor válido del Movimiento 26 de Julio para examinar las opciones de evacuación.
Entre tanto, la embajada era inundada con reportes de nuevos grupos de estadounidenses urgidos por abandonar la isla y versiones de que la comida en los hoteles empezaba a escasear. Desde Varadero se informaba que 80 estadounidenses esperaban ansiosos algún medio para ser evacuados.
"Hasta ahora imposible encontrar persona suficiente autoridad permita vuelos comerciales estadounidenses o al menos obtener comida para americanos en hoteles'', indicó Smith en un telegrama enviado a las 5:32 p.m. del 3 de enero.
Desde Washington, el Departamento de Estado respondió:
"Esperamos que los representantes de Castro entiendan que cada acción de ellos está siendo observada de cerca en este país y que cualquier desliz de su parte puede perjudicar en forma permanente los sentimientos hacia ellos de parte de todos los estadounidenses''.
A medianoche, por sugerencia de Carlos Piad, simpatizante de la revolución, se logró hacer contacto con el coronel Vicente León, quien fue identificado como jefe de la policía nacional del régimen de transición. León dijo que comprendía la situación pero que en ese momento sus compañeros, incluido el comandante Diego, estaban repeliendo los ataques armados o en un puesto de policía de La Habana.
Dos horas después, Julio Duarte, un coordinador civil del movimiento insurgente que había viajado en la noche desde Santiago a La Habana por instrucciones de Raúl Castro, autorizó la salida en avión de los ciudadanos estadounidenses, aunque advirtió que los británicos y canadienses no tendrían el mismo tratamiento, en represalia por la reciente venta de armas a Batista hecha por su gobierno.
Tres equipos de funcionarios consulares y del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) se presentaron en los hoteles Capri, Hilton y Nacional, Riviera y Presidente para adelantar la documentación de los pasajeros.
Una caravana de carros de la embajada se unió al convoy de los rebeldes que escoltaron a los evacuados desde el Hotel Nacional hasta el aeropuerto Rancho Borreros. La caravana empezó a las siete y media de la mañana.
El primer vuelo, operado por Cubana de Aviación, salió a las 9 de la mañana y a partir de ese momento se despachó un avión cada 20 minutos a Miami, con excepción de un vuelo que llevó a 90 personas a Nueva York. Los pasajeros debían pagar el boleto a precios normales.
A la 1 pm. del 4 de enero, el transbordador City of Havana salió con 300 estadounidenses más.
"Nos complace anunciar que ningún estadounidense ha sufrido heridas'', reportó Smith ese día.
Sin embargo, anotó con cierto disgusto que, aunque había espacio en la embarcación para más familias, no se utilizó porque muchos jóvenes preferían hacer el viaje en avión.
A las 5:09 de la tarde del 3 de enero, la embajada reportó la evacuación de 1,722 personas. El último vuelo con estadounidenses salió dos días después, a las 11 p.m. La huelga había sido levantada.
En total, la embajada tramitó la salida, por mar y aire, de 2,073 personas, de las cuales 813 partieron en barco a Key West; 1,080 por avión a Miami desde La Habana y Varadero, y 180 a Nueva York.
"No hay más planes de evacuación en este momento en vista terminación de la huelga, pero la embajada prepara nuevas operaciones si la situación se altera'', escribió Smith.
Era la 1:49 de la madrugada del 5 de enero y Smith ya tenía una respuesta a la pregunta que no había podido responder cuatro días antes respecto a la naturaleza del gobierno que, para entonces, ya estaba encaramado en el poder.





























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