"Agradezco a la vida haber estado en la cárcel'', confiesa Frayde, que pasó nueve meses en una celda preventiva de cinco por seis metros, hacinada junto a una treintena de presas comunes. "Como médico no habÃa tratado al pueblo cubano en los estratos más bajos, y puedo decir que soy un ser humano más comprensivo después de pasar por esa experiencia, más propia de un manicomio que de un centro penitenciario''.
En el exilio, Frayde ha sido una incansable promotora del CCDH, denunciando las violaciones del régimen cubano y reclamando la liberación de los presos polÃticos: "Cuando salà de la cárcel sabÃa que era imposible quedarme allà y tenÃa la esperanza de hacer algo por Cuba desde afuera, con una causa que pudiera unir a todos los cubanos, más allá de las controversias polÃticas e ideológicas''.
Una de sus contribuciones fundamentales ha sido la confección del boletÃn del CCDH, que desde 1989 se distribuye trimestralmente, con documentos, informaciones y denuncias de la situación de Cuba. Lo realiza desde su apartamento en Madrid, ‘‘sin computadora y sin internet, porque en cuanto a las nuevas tecnologÃas me quedé en el fax, soy de la era de la carreta''.
"Cuba vive un momento de parálisis polÃtica total'', señala la activista. ‘‘Los ciclones han acabado de remachar la situación económica y uno se pregunta con incredulidad hasta dónde puede llegar la capacidad de resistencia del pueblo cubano''.
Frayde se remonta a los dÃas de la eclosión revolucionaria y la llegada de Fidel Castro al poder. Su grado de confianza con el lÃder cubano llegó al punto de que Castro le entregó una nota de puño y letra para el acceso de manera permanente a su presencia fÃsica, en enero de 1959, y le comisionó personalmente la construcción del Hospital Nacional "Enrique Cabrera''. El cheque de $5 millones entregado por la firma Gravi para la edificación fue incluso ordenado a nombre de Frayde.
"Los cubanos nos dejamos pisotear por enamorarnos de su personalidad: fue una especie de anestesia colectiva que nos invadió a todos'', rememora. "Yo querÃa hacer algo grande por mi paÃs, modernizar las estructuras de los hospitales, extender la salud pública a los lugares más remotos, crear la carrera de auxiliares de enfermeras... Creo que logré cosas importantes, pero estaba muy inmersa en el trabajo y vine a darme cuenta de la deformación del proceso con posterioridad. Fidel Castro nos engañó a todos, empezando por mÃ. Los visionarios del primer momento fueron la minorÃa''.
--¿Cuál fue el momento que marcó su ruptura?
--‘‘Mis discrepancias empezaron con el Ministerio de Salud Pública, pero el conflicto espiritual que me llevó a romper con el régimen fue la Crisis de los Misiles en 1962, cuando vi la posibilidad de una destrucción del mundo a merced de las ambiciones polÃticas y totalitarias de Fidel''.
--¿Cuál es su visión personal sobre Castro desde los dÃas del Partido Ortodoxo?
--‘‘Es un hombre a quien le gustó siempre rodearse de gente inferior a su capacidad intelectual y que siempre estuviera dispuesta a asumir lo que él proyectaba, sin análisis crÃtico. Desde los dÃas de la lucha armada, su movimiento no dudó en liquidar a todo el que se le enfrentaba. Los libros que leÃa siempre fueron para sacar ejemplos aplicables a sus objetivos de lucha. Era un hombre bien ortodoxo en sus lecturas''.
Frayde se opone a un Nüremberg cubano para aplicar justicia por los desmanes cometidos durante el régimen comunista.
"A largo plazo lo que necesita un paÃs es algo más que un proceso de Nüremberg. Hay que darle esperanzas al pueblo y habrá que actuar con mucha paciencia, tolerancia e inteligencia, poniendo por encima los deseos de hacer avanzar al paÃs. Pero aunque anhelo volver a una Cuba democrática, no se si mis años me lo permitirán''.
--¿Y Fulgencio Batista? ¿Cuál será el juicio definitivo de la historia?
--‘‘Como figura histórica se va a favorecer de los errores de Fidel Castro por estos 50 años. Fidel Castro lo ha dejado chiquito como dictador''.





























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