Casi al cumplirse medio siglo del triunfo revolucionario que respaldó con pasión desbordada en enero de 1959, la doctora Martha Frayde prefiere pensar en esta etapa histórica como “un interregno”, un espacio de tiempo en el que Cuba ha vivido congelada, sin libertades democráticas ni derechos ciudadanos.
“Hace 50 años nadie pensó que llegarÃa a presenciar esta desintegración nacional, este deterioro tan terrible de la vida de los cubanos”, comenta Frayde con la serenidad que le proporcionan sus 88 años. “Las personas que vayan a tener responsabilidad ejecutiva en una Cuba futura deberán hacer una radiografÃa de lo que ha sucedido en estos años para saber por dónde conducir al paÃs: será una tarea extremadamente difÃcil”.
Reacia a las entrevistas, Frayde habló con El Nuevo Herald en la sala de su apartamento en Madrid, repleto de libros y motivos cubanos. Sobre un librero, la conocida foto de José Martà en Jamaica, en 1894. En las paredes de la sala cuelgan cuadros de Amelia Peláez, Fidelio Ponce y Wifredo Lam, su gran amigo. El pasado año entregó 49 cuadros de su valiosa colección a la Universidad de Miami y aguarda por un trámite para completar el donativo de los que aún permanecen en su poder.
Está ya recuperada de una reciente cirugÃa ortopédica, pero camina aún con dificultad, apoyándose en andadores. Mantiene la mente lúcida, su conversación es fluida y culta, y no ha pedido la sonrisa ni su peculiar capacidad de ironizar.
“Yo nacà de pie, y los que venÃamos de pie tenÃamos suerte”, dice jocosamente. “Y realmente no puedo pedirle más a la vida: he viajado mucho, he tenido una buena educación, he conocido gente ilustre y famosa, la salud me ha acompanado hasta la vejez y como en mi casa mejor que en el Palacio Real...”
Nació en 1920 en un hogar de profesionales virtuosos en pleno barrio del Vedado. Hija de un cientÃfico prominente y una periodista que escribÃa sobe “femineidades”en la popular revista Carteles, Frayde se graduó de Medicina en la Universidad de La Habana en 1946 y de inmediato se alistó para cumplir estudios de postgrado en las universidades de Montral y McGill, en Canadá.
Regresó a Cuba en 1948 y, sin experiencia ni vocación polÃticas, se vio de repente involucrada en los torbellinos de la época.
Militante del Partido Ortodoxo y protagonista de primera fila en la revolución de Fidel Castro, impulsora del proyecto del Hospital Nacional y la Escuela de EnfermerÃa de La Habana, representante de Cuba en la UNESCO hasta 1965, Frayde discrepó del rumbo totalitario del régimen y renunció a su puesto en ParÃs. Desoyendo las recomendaciones de sus amigos cercanos, volvió a La Habana, se reincorporó al ejercicio de la Medicina y comenzó a ventilar sus discrepancias públicamente.
Decidió que querÃa marcharse del paÃs, pero Fidel Castro se negó a otorgarle el permiso de salida.
“Entonces comencé a reunirme con personas que estaban inconformes con la situación del paÃs; nos veÃamos en el parque de 19 e I [en el Vedado] para que pareciera un encuentro de amigos en un lugar público”, recuerda. “Siempre con la idea de desafiar al régimen pacÃficamente, porque la violencia caracterizó la vida republicana, el propio Movimiento 26 de Julio se inició con violencia y llegó al poder con violencia, y eso no ha sido nada positivo para la nación”.
Asà se gestó el movimiento de derechos humanos, que el 28 de enero de 1976 fundó su primer grupo de activismo pacifista: el Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCDH), establecido por Frayde y el profesor Ricardo Bofill. A ellos se sumaron el ex diplomático y asaltante del Cuartel Moncada, Gustavo Arcos Bergnes, y el profesor Elizardo Sánchez Santacruz.



























Mi Yahoo