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La terrible catástrofe del pueblo cubano

 
BRUCE C. STRONG/ORANGE COUNTY REGISTER

Especial para El Nuevo Herald

"¿Cómo vamos a decir: ésta es nuestra patria, si de la patria no tenemos nada? Mi patria, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre. ¡Eso no es patria! Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo (APLAUSOS). Patria no sólo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo (APLAUSOS). Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria. Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria. Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder vivir, pero no tienen patria. Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden. Y eso es verdad y ustedes lo saben (EXCLAMACIONES). Luego, hay que arreglar la República. ¿Aquí algo anda mal o todo anda mal? (EXCLAMACIONES DE: Todo)."

Fidel Castro Ruz. Camagüey, 4 de enero de 1959

Hace cincuenta años, el 1ro. de enero de 1959, Cuba, una no tan pequeña isla del Caribe de 114,000 kilómetros cuadrados (mayor que Bélgica, Holanda y Dinamarca combinadas), que entonces tenía unos seis millones de habitantes y hoy tiene 11, apareció en la primera página de todos los diarios importantes del mundo de una manera muy esperanzadora: el dictador Fulgencio Batista, militar de mano dura con fama de corrupto que ocupaba el poder desde 1952 como consecuencia de un golpe de Estado, había huido del país.

Aquello fue una fiesta. El dictador había sido derrotado por un movimiento guerrillero encabezado por un joven abogado llamado Fidel Castro y una pintoresca tropa de improvisados combatientes barbudos que aportaban a los medios de comunicación y a la imaginación popular los dos elementos más apreciados por cualquier periodista: unas imágenes muy poderosas y un elemental relato de buenos contra malos. En ese país, pensó todo el mundo, incluida la inmensa mayoría de los cubanos, la justicia se había abierto paso a base de heroísmo y sacrificio.

De entonces a hoy ha pasado medio siglo, y aquel gobierno revolucionario de 1959 continúa en el poder bajo la autoridad, esencialmente, de las mismas personas que organizaron la insurrección contra Batista y luego crearon una dictadura comunista. Este es un hecho insólito en la historia política contemporánea. Las dos terceras partes de las personas que pueblan el planeta han nacido después de que los hermanos Fidel y Raúl Castro ocuparan el gobierno cubano. Sólo por la Casa Blanca han pasado 10 presidentes norteamericanos y el undécimo, Barack Obama, ya ha sido elegido. Es verdad que en América Latina ha habido dictaduras muy largas, pero ninguna ha durado tanto tiempo. El paraguayo Alfredo Stroessner estuvo 35 años en el poder, el dominicano Rafael Leonidas Trujillo 31, y el venezolano Juan Vicente Gómez 27. Ninguno, ni remotamente, se ha acercado a las cinco décadas: eso quiere decir que tres generaciones consecutivas de cubanos no han conocido otra cosa que el gobierno comunista.

El Nuevo Herald

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